[Review] The Rolling Girls



OMR Madrid - 12/04/2015 19:35 h

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La pasada temporada de Invierno nos ha dejado para disfrute general varias series de anime para todos los gustos: desde grandes bombazos esperados por muchos como la segunda temporada de Aldnoah.Zero, de Durarara o la de Tokyo Ghoul hasta gloriosos descubrimientos como Death Parade, pasando por el emotivo final de Shigatsu wa Kimi no Uso (recomendada la lectura de mi compañero Malditostuntman) y adaptaciones como la del conocido Assassination Classroom. Sin embargo, con este artículo quiero apartarme un poco de todo ese anime que tanto ha dado que hablar y disertar un poquito sobre uno en concreto que ha pasado bastante desapercibido, y a mi juicio se trata de toda una perla digna de ser exhibida, tanto por su contenido como por la polémica que ha generado. The Rolling Girls, una aventura fuera de lo común vivida por personas absolutamente comunes.

Chicas que conducen, caen y luchan. Por los demás. Por ellas mismas. Incluso si están destinadas a ser unas personas más entre la multitud.

La frase introductoria, escrita en inglés debajo del logotipo titular del anime, enuncia una aproximación bastante fiel de lo que es el quid de la serie. Sin embargo, no es ni de lejos lo único que encierra.

La primera vez que la leí, junto a un alegre artwork de las cuatro protagonistas bajo un cielo azul, fue en el típico artículo que introduce las novedades de temporada con una pequeña sinopsis para cada una. Por alguna extraña razón, el conjunto de elementos con los que The Rolling Girls pretendía tímidamente darse a conocer en aquel anime chart plagado de otras series de más enjundia y bombazos similares hizo que mi instinto de reconocimiento de obras interesantes empezase a parpadear.

A pesar de que en varias reconocidas páginas del ramo temiesen que la serie resultase en una especie de reencarnación de K-ON! (viendo el aspecto de las protagonistas, mucho no me extraña), a mí me dio más bien la impresión de que podría resultar en una historia de forja de amistad en un ambiente hostil. Algo así como Stand By Me, pero cambiando a los infelices chavales por cuatro moteras monas y transcurriendo en una (¡sí!) ucronía distinta a las que se suelen representar en el mundillo del anime.

Ahora que la serie ha acabado he podido comprobar que la serie no sólo contiene la forja de una amistad, sino un montón de elementos artísticos y argumentales que hacen del visionado de The Rolling Girls toda una experiencia. Elementos que quiero transmitiros mediante este pequeño análisis. Calentemos motores.

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[CONTEXTO]

Años después de la Gran Guerra de Tokyo, Japón ya no existe como entidad política. Cada una de sus prefecturas ha adoptado la independencia, por lo que las islas se encuentran salpicadas de microestados que no se han acostumbrado a su nueva situación, en una especie de Período Sengoku a la inversa. En esos tiempos en los que la tensión entre prefecturas es tan densa que se puede cortar con un cuchillo, tan sólo la Declaración de las Torres Gemelas (Twin Tower Declaration) impide un nuevo conflicto abierto: En cada uno de los nuevos estados se instaurará una patrulla urbana de Vigilantes que hará las veces de policía, ejército y brigada de servicios públicos comandada por una persona con el título de Best (Mosa). El resto de miembros de la patrulla son conocidos como Rests (Mob).

Además de sus labores y encargos propios, los Vigilantes juegan su papel protegiendo a su pueblo de otra guerra. El posible conflicto armado entre prefecturas será sustituido por un épico duelo entre los Bests representantes de cada estado, alimentados por unas gemas celestiales denominadas Core que les proporcionan habilidades y sentidos sobrehumanos. Hasta aquí el contexto.

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El comienzo de la historia se centra en la prefectura de Tokorozawa, en la antigua Saitama. La superheroína Maccha Green (álter ego de la Best de Tokorozawa Masami Utoku) mantiene un encarnizado duelo al más puro estilo shônen contra la Best de los invasores de la vecina Higashi Murayama, Kuniko Shigyo, ambas jaleadas por sus respectivos grupos. Entre las filas de los Hiyoshicho Propellers (de Tokorozawa) se encuentra Nozomi Moritomo, amiga desde la infancia de Masami y profunda admiradora de la causa de Maccha Green.

Después de una lucha entre las dos capitanas que se prolonga durante dos días, un bosque, un bar de ramen y un parque de atracciones, tanto Masami como Kuniko acaban en el hospital provincial hechas unas piltrafillas y desprovistas de sus Core. Nozomi, con ánimo de continuar con la carrera justiciera de su ídolo, decide hacerse a la carretera y completar todos los encargos que le llegan a Maccha Green desde toda la isla mientras ésta permanezca convaleciente. Acompañada por la despistada novata de los Propellers Yukina Kosaka, la desertora de Higashi Murayama Ai Hibiki y la misteriosa hija de la presidenta de Tokorozawa y coleccionista de Core Chiaya Misono, Nozomi vivirá junto a sus peculiares compañeras una aventura tan extraordinaria como ellas son de corrientes.

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Estoy segurísimo de que la mayoría de los lectores al leer lo de arriba habrán pensado qué argumento más tópico a la par que absurdo. En efecto, las prerrogativas de The Rolling Girls son totalmente tópicas, y toda la serie está repleta de momentos absurdos y sin sentido. ¿Entonces, qué interés pueden tener las aventuras de cuatro chicas con menos carisma que un ladrillo por el asfalto de un Japón alternativo? La respuesta la tenemos si conseguimos atravesar las prerrogativas que envuelven a estos dibujos y observamos todo el contenido subyacente.

Para llegar a eso es necesario comentar un poco los distintos aspectos de la serie y ver qué ofrecen.

[ESTRUCTURA ARGUMENTAL]

Comenzando con la estructura argumental. The Rolling Girls sigue un desarrollo poco común para lo que viene a ser un anime al uso: los doce episodios de los que se compone se juntan de dos en dos formando seis arcos de historia completamente distintos y casi independientes los unos de los otros. Lo único que los une es el contexto histórico y el hecho de que cada arco corresponde a una parada en el viaje de las cuatro protagonistas.

Así, tenemos una introducción a toda la serie en Tokorozawa, una primera aventura en Comima (el antiguo Tokyo), una parada en Nagoya (Mie-Aichi), un festival en Kyoto, una separación en Okayama y una conclusión épica en Hiroshima. Cada una de las vivencias en cada prefectura rompe con lo ocurrido en arcos anteriores, sin apenas mención a las prerrogativas y al contexto de la serie. Esta estructura atípica, junto con el hecho de que cada una de las paradas contiene una historia distinta, de género y temas tratados (y a veces hasta estilo de dibujo) distintos al resto en la que los personajes encontrados allí cobran más protagonismo que las propias protagonistas, es uno de los puntos de más interés de TRG.

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El eclecticismo de The Rolling Girls en este sentido, a pesar de no ser el primer anime en incluir un desarrollo similar, ha despertado críticas de lo más variopinto en todo internet. A mi juicio, se trata de una atinada representación de lo que puede ser un viaje iniciático como el de Nozomi, Chiaya, Yukina y Ai: No se muestra el desarrollo de su viaje por carretera, sino tan solo las paradas que hacen para cumplir las peticiones que le llegan a Maccha Green desde todo Japón (junto con otros objetivos que se irán revelando). Al venir cada petición de un lugar distinto, de gente distinta necesitando servicios distintos, veo lógico que la serie sea una yuxtaposición de historias distintas en las que el estudio se haya tomado la libertad de distinguirlas aún más mediante estilos de dibujo, géneros y temas tratados; aunque quizás haya gente que no vea la lógica en esto y prefiera un anime más progresivo que ecléctico.

De la misma forma, el juntar historias completamete diferentes le puede chocar de tal forma al espectador que empezar a ver un arco distinto (de trama más sosegada) resulte que le aburre más que el anterior (un espectáculo de acción y efectos especiales). Esto pasa sobre todo en el arco Comima, el más pausado de la serie, que impacta al estar localizado después del frenesí de Tokorozawa.

Resumiendo, The Rolling Girls trata una historia de viaje iniciático compuesta por varias historias sobresalientes en la que las chicas son el hilo conductor, pero en la que la sustancia está en el propio viaje y no en el final gracias a todo lo que envuelve a los personajes secundarios y su interacción con las protagonistas.

[PERSONAJES]

Una vez dejado claro el procedimiento argumental es hora de abordar el tema personajes, punto de interés más intenso en cualquier serie de anime en general. Para The Rolling Girls, de acuerdo con lo mencionado arriba, es necesario no mencionar tan solo a las protagonistas; los secundarios tienen que tener también su momento de gloria en este artículo debido a su importancia en la trama.

Las cuatro protagonistas son chicas absolutamente ordinarias, normales y corrientes, como dejé claro en la introducción. Representan los personajes jóvenes femeninos de anime cliché por antonomasia: Nozomi es la típica adolescente cuyo optimista entusiasmo en todo lo que hace arrastra a las otras consigo, pero a la vez es increíblemente torpe. Hasta el punto en que llega a fracasar en muchos de sus empeños bienintencionados por su torpeza, pero aún así no acepta rendirse sean cuales sean las circunstancias.

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Yukina es la clásica chica sosegada, inteligente y realista, pero que sin embargo tiene un sentido de la orientación nulo y se pierde mínimo dos veces en cada capítulo. También hace alarde de sus habilidades con el lápiz, dibujando mucho mejor cuando “no es artístico” que cuando lo “es”, lo que da lugar a varias bromas al respecto. Ai es la joven de carácter activo e impulsivo que sólo piensa en su objetivo de hacerse más fuerte. Paradójicamente (?) es una vaga redomada. Por último, Chiaya es la misteriosa chiquilla de monería exagerada, carne de los amantes del moe, pero que sin embargo también es la más interesante de las cuatro debido a su pasado y el hecho de que la trama avanza cuando ella actúa. Poco más se puede añadir.

Los topicazos que encarnan las chicas contrastan sublimemente con los personajes secundarios, cuya presencia se sobrepone y hace sombra a la de las protagonistas en sus respectivos arcos. Sus personalidades, concebidas para ser exageradas y absurdas, destilan un carisma irresistible que no busca el realismo, sino la conversión de los secundarios en iconos de lo guay, perceptible desde el primer contacto con ellos. La serie es consciente de ello, y por eso mismo les reserva un lugar preferente (llegando al punto que en los intermedios de cada episodio sólo hay imágenes de los secundarios del arco en curso, nada de las chicas).

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Así, por ejemplo, tenemos a Kuranosuke Momiyama, el hombre de confianza de la presidenta de Tokorozawa y cuidador de Chiaya, siguiendo a las cuatro chicas y velando por la seguridad de su joven protegida desde la distancia. Sus encontronazos con los antagonistas y su repertorio de habilidades de agente del gobierno que hacen de James Bond un aprendiz a su lado le convierten en un personaje cuya presencia es garante de que algo épico va a pasar.

Quitando a Momiyama y a algunas excepciones más, todos los secundarios son muchachas o mujeres de indiscutible liderazgo, carisma o epicidad que aportan a The Rolling Girls un magnífico tono de Girl Power.

Tenemos a la ya mencionada Masami Utoku representando el icono de heroína y tía guay. Es la clásica chica valiente, decidida, segura de sí misma, poseedora de un carisma arrollador que todos querríamos tener cerca nuestra y a la vez referencia el problema de tener un alter ego superheroico que mantener separado de la persona. Su rival de Higashi Murayama, Kuniko Shigyo, el icono de la femme fatale sádica con personalidad frágil, contrasta con ella como villana a vencer (incluso comiendo fideos).

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Tanto Masami como Kuniko son las dos únicas secundarias (junto con Momiyama) cuya importancia trasciende su arco, llegando a jugar un papel en el desenlace de la trama en Hiroshima.

Más iconos de Girl Power los encontramos en Himeko Uotora, cuya historia de reconocimiento personal y ganancia de autoestima consigue sembrar las bases de la paz ente Aichi y Mie en el arco Nagoya; o en la idol del punk pop japonés Misa Ichijô y en la Best Mamechiyo del arco Kyoto, dos amigas separadas por las circunstancias de la vida cuyo encuentro final provoca un concierto a base de misilazos en un templo tradicional shinto (todo un espectáculo para la vista, os lo garantizo).

Pero nadie como las mujeres de los arcos finales. Haru Fujiwara, putísima ama, buena samurai, mejor madre (de su hija toca hablar después); y Kaguya Nayotake, todo un icono de honor, abnegación, fuerza y espíritu.

También es digna de mención la guarda de las fronteras entre prefecturas. Cual Enfermera Joy en Pokémon (el anime de Ash, no los juegos), todas las fronteras son vigiladas por mujeres en uniforme de carácter desconfiado y hablar barriobajero con la misma apariencia y voz cuya estricta profesionalidad contribuyen a un contrapunto cómico con la ingenuidad de las protagonistas.

Entre las cuatro rolling girls y los secundarios existe una relación de realimentación argumental, a lo Yin y Yang. Las chicas ayudan a los secundarios a mejorar su situación y a cambiar mientras que ellas permanecen como personajes planos (normales y corrientes), pero los secundarios sirven para hilar todo el viaje iniciático de las protagonistas de experiencia en experiencia. Son como las piedras angulares sobre las que se sostiene la serie, de ahí que tengan tanta importancia y que permitan que la trama progrese una vez que hayan satisfecho su petición inicial.

Solamente en el desenlace de la serie se ve que las cuatro protagonistas han aprendido de su aventura y deciden potenciar sus vidas de acuerdo con lo vivido, como en un tradicional viaje iniciático en el que el cambio llega al final. Las chicas ordinarias cuyos esfuerzos apenas surten efecto en toda la serie, resolviendo los casos más por casualidad que por maña, van alimentándose poco a poco de sus paradas en el viaje para progresar y evolucionar al acabar la trama; y los secundarios, de personalidad más elaborada, se alimentan de golpe de ellas para cambiar y mejorar. Lo dicho, es una pura realimentación, sólo que a ritmos distintos para cada personaje.

[AMBIENTACIÓN]

Lo primero que uno asume de The Rolling Girls es que, para entenderla en profundidad, es necesario conocer la cultura japonesa con cierto grado de soltura. Y no me refiero a saberse al dedillo las novedades de Akihabara o haberse leído la bibliografía entera de Haruki Murakami. El anime bebe de varios pozos de la cultura japonesa, tanto clásica como popular, lo que puede que al espectador occidental le haga perderse en ciertos momentos (aunque no es nada que un poquito de googleo no pueda resolver si no lo pillamos a la primera).

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Esto se hace patente desde los primeros momentos del primer episodio, en las arengas que sueltan Kuniko y Masami sobre la configuración política del nuevo Japón. Si uno no es ducho en geopolítica del país del amanecer, toda la justificación de la invasión de Higashi Murayama a Tokorozawa respaldándose en la posición geográfica de Saitama respecto a Tokyo y asuntos similares le puede sonar a japonés (y nunca mejor dicho). Es de suponer que a los que sepan sobre el tema estas arengas deben de parecerles más plausibles.

Otro aspecto en el que lo profundamente japonés está al orden del día es en el comportamiento de los personajes “de relleno” y los elementos de escenario. The Rolling Girls aprovecha los clichés y lo más típico de cada prefectura para imprimirlo en el ambiente de cada arco argumental en un ejercicio cultural muy atractivo. Por ejemplo, en el arco Nagoya, el argumento trata la hostilidad entre Mie y Aichi (dos regiones políticas que conforman la Bahía de Nagoya), incapaces de ponerse de acuerdo para gobernar el nuevo país. Siendo conocido el circuito de motor de Nagoya, los Vigilantes de Mie -los Mie Motors– son una banda de moteros (con el apellido de su Best Suzuki), y los de Aichi son un ejército de camareros -los Aichi Tenmusu– debido a la fama de los tenmusu de esa ciudad.

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Siguiendo con lo conocido, la secundaria importante del mismo arco (Himeko), es heredera de una estirpe de artesanos de shachihoko cuyas obras magnas son los dos que coronan el tejado del castillo local. Éstos tienen cierta fama en Japón en la vida real debido a su acabado detallista y su color dorado.

De manera similar, en el arco Kyoto podemos ver la importancia que se les da a las maiko y a los samurai además de que todos los habitantes hablan con un deje de Kansai, diciendo el verbo al final de cada oración (como el maestro Yoda). Igualmente, en el arco Comima se supone que la región visitada es Akihabara, por lo que los Vigilantes Always Comima son un grupo de cosplayers y el nombre de su Best es Aki Habara (facepalm).

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Tocando el tema de la cultura clásica, en The Rolling Girls se pueden ver en cada episodio varios miembros una facción que actúa siempre en segundo plano y desde las sombras, los Takumi (artesano en japonés). Definidos como los carpinteros de los templos sagrados desde hace siglos, los Takumi construyen o reparan cualquier estructura según les paguen o según vean conveniente. No hablan, no se les ve la cara en ningún momento, van vestidos como carpinteros del Japón antiguo (hoy en día extintos) y obedecen a una jerarquía desconocida (hasta el final). Existe también una escisión de artesanos vestidos de negro que constuyen trampas, armamento o bombas de destrución masiva, más parecidos a mercenarios o terroristas que a sus colegas. La facción Takumi juega un papel continuo en la serie y resulta fundamental en el desenlace de la trama.

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También se referencia a dos de los personajes más icónicos de la tradición literaria japonesa. En el arco Okayama, junto a la mencionada samurai retirada Haru Fujiwara encontramos a su hija Momo, deseosa de ser útil a su país subyugado bajo los Okayama Demons. Junto a sus mascotas, un avestruz, un chihuahua y un perezoso, partirá en busca de un duelo por la liberación contra la Best de los Demons Ura Kukino. Momo referencia distorsionadamente al héroe de los cuentos de hadas Momotarô, asociado comúnmente a Okayama, el cual con ayuda de un faisán, un perro y un mono parte en busca de vencer a unos demonios. Aparte de por su aspecto y sus compañeros, se revela en un flashback que Haru encuentra a Momo dentro de un melocotón gigante, de la misma manera que nace Momotarô en su cuento.

En el arco Hiroshima Kaguya Nayotake referencia más vagamente al Cuento del Cortador de Bambú, en el que la princesita Kaguya, oriunda de la Luna, es encontrada en un bosque de bambú. De la misma manera, la Kaguya de TRG es heredera de la dinastía de yakuza que gobernaba Hiroshima hasta años antes de la serie (Nayotake Moonlight), trabaja junto a su marido en un bar dentro de un bosque de la mencionada planta, usa una caña como arma contra los antagonistas, y, adicionalmente, la Luna llena juega un rol importante en su historia.

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Por último, ya en cuestiones de cultura pop, no es muy difícil reconocer todas las escenas-homenaje a otros animes que se pueden encontrar por aquí y que rellenan con una absurdez épica muchos de los grandes momentos de The Rolling Girls. Parodias de Evangelion, Blood, K-ON!, Fairy Tail, Space Dandy y más son incluidas, llegando incluso a cambiar el estilo de dibujo, en un tono jocoso y muy poco serio propio de un anime que se toma a risa su condición y no ve problemas en exagerarse y absurdizarse incluso más en pos de buscar la epicidad, aunque sea momentánea.

Buscando el mismo objetivo se incluyen en los escenarios elementos muy reconocibles del folclore japonés o incluso de la cultura pop occidental.

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[ESTÉTICA]

Ya desde antes de empezar a emitirse, la sinopsis dejaba claro que la serie transcurre en una ucronía. Más concretamente, en el tipo de ucronía supuestamente distópica en la que el orden político desaparece y distintas facciones o bandas bregan por imponerse en los territorios que creen que les corresponden. No obstante, hemos de recordar que The Rolling Girls es un anime, y además un anime en el que lo ecléctico y lo épicamente absurdo es la norma. Luego, en vez de tratarse de una historia de suma crudeza en la que las bandas se enzarzan en carnicerías en pos de sus objetivos, nos sorprendemos ante una estética de bandas urbanas de coloridos uniformes que se enzarzan en duelos al más puro estilo shônen (con sus efectos de energía con cada golpe) e interaccionan con su entorno de manera tan poco seria que hasta merece respeto.

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Así, la serie luce un colorido espectacular. Los tonos claros, chillones y nítidos transmiten una atmósfera positiva y buenrollera perfectamente compatible con las situaciones sin sentido y la historia de aventuras en pos de un objetivo justo y del crecimiento personal de las cuatro adorables protagonistas. El eclecticismo y la unicidad de las prefecturas se ven reflejados en la mixtura de técnicas de dibujo que se emplean a lo largo de toda la serie; desde el nivel de detalle de Tokorozawa hasta la pintura cuasi impresionista de los melocotoneros de Okayama, pasando por las masas difusas de color de Comima y el sombreado de Nagoya.

Es una estética vibrante, alocada y ecléctica que mezcla las técnicas más variopintas en una explosión de color, creatividad y estilo en pantalla.

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Cabe destacar también el mundo del motor. Al ser fundamental en una historia sobre echarse a la carretera y aspirar la huracanada brisa de la libertad, los dibujos de los vehículos hablan por sí solos del esmero que transmiten (incluso se ven agradecimientos a un taller llamado Technical Garage Motorrad por los diseños en los títulos de crédito).

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El rebosamiento de colorido es reforzado por la banda sonora, compuesta enteramente por covers de canciones del reconocido grupo punk rock japonés The Blue Hearts cantadas por las seiyuus de Nozomi, Yukina, Chiaya y Ai. El ritmo rápido, frenético y despierto del punk combinado con las vocecitas dulces de las cuatro chicas casa perfectamente con la atmósfera que los dibujos insinúan, motivando al espectador y dibujándole una sonrisa en la cara que no se borra hasta que se acaba el momento creado por la mezcla de recursos.

Estas canciones ambientan los duelos entre Bests y momentos en los que la amistad entre las cuatro protagonistas se estrecha, tanto como sirven de excusa para meter interludios musicales en medio de los episodios. Estos actos ocurren sobre todo en el arco Kyoto, en el que la escena punk pop japonesa cobra especial importancia, al ser la Best Misa Ichijô ídolo musical y terminar su pequeña historia con un macroconcierto. También hacen acto de presencia los integrantes del grupo ficticio Momiage Hammers, obvio homenaje a los propios The Blue Hearts. Tampoco es raro ver a las cuatro muchachas cantando juntas mientras se hacen a la carretera en varias ocasiones.

El ambiente punk colorido impregna todos los rincones del anime: los escenarios, los argumentos de las historias, los personajes, sus acciones. Se puede decir que The Rolling Girls es el alegre fruto de la unión entre el punk y el color, el oído y la vista se complementan a la perfección. Es difícil explicarlo con palabras: hay que verlo en el propio anime y experimentarlo en carne propia para comprenderlo en toda su extensión.

Este anime es consciente de esta unión, y por eso la explota cuanto puede. Sólo hay que ver el opening: un pequeño videoclip de las cuatro rolling girls tocando punk pop en un escenario intercalado con escenas en la carretera y relleno con colores chillones y entramados al estilo pop art. El ending, al ser más suave, intercala la canción con imágenes de las protagonistas y los secundarios de cada arco en un estilo de dibujo más sencillo e ingenuo, siempre con los colores vibrantes. En cuanto a los episodios en sí, siempre están salpicados de detalles como carteles de conciertos, instrumentos musicales o portadas de discos.

Os dejo aquí el ending de la serie y la versión original de The Blue Hearts para que comparéis y decidáis cuál os gusta más.

[CONCLUSIÓN]

The Rolling Girls es un pastiche de géneros, recursos artísticos e historias que no se toma en serio a sí mismo y se ríe del propio anime. Absurdo, acelerado, caótico, colorido, con aire punk, lleno de momentos impactantes entre los que es fácil perderse si no se presta atención y desarrollo implícito de personajes.

No es ninguna obra maestra de la animación japonesa, y tampoco tiene pretensiones de grandeza. Sin embargo, es de una calidad muy decente, destila una atmósfera de buen rollo intensísima, es épicamente absurda, elegante, frenética, rezuma Girl Power y tiene un enorme potencial de convertirse un icono de lo guay, como sus secundarios. ¿Que no gusta a todo el mundo? Tampoco otras muchas cosas que circulan por ahí, y han llegado a ganarse su culto por parte de personas determinadas. Y el culto es algo que precisamente no le falta a The Rolling Girls.

Nombre: The Rolling Girls
Estudio: Wit Studio Director: Kotomi Deai
Temporada: Invierno 2015 Episodios: 12
Género: Seinen

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2 thoughts on “[Review] The Rolling Girls

Ariel el 15 abril, 2015 a las 22:16 dice:

Me encanto esa serie, la solución de los conflictos y el mundo eran muy buenas ideas y coherentes, bastante original.

    Elzhevir
    Elzhevir el 17 abril, 2015 a las 11:43 dice:

    Es una serie muy muy interesante y agradable en muchos sentidos.
    Gracias por el feedback 😀

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