Japonismo: La fascinación por el arte japonés [Exposición]



OMR Madrid - 5/12/2013 17:37 h

En asuntos de arte la modestia no es una virtud. – Murasaki Shikibu

Y si lo decía una artista del calibre de Murasaki, por algo sería. Soy Elzhevir, y como entusiasta del arte en todas sus formas, y también entusiasta de la cultura japonesa, voy a cubrir cierto evento de considerable interés artístico que lleva en Madrid desde el 14 de Octubre: La exposición sobre el Japonismo que nos presenta la Caixa desde su museo del Paseo del Prado.

No podría empezar mi cobertura sin definir el título que da nombre a la exposición: Japonismo. ¿Qué nos sugiere esta palabra? Seguro que al leerla pensáis inmediatamente en estos conceptos:  Japón, conexión, corriente. No andáis errados. La palabra Japonismo se refiere a la profunda influencia artística, cultural y social que tuvo la avalancha de novedades sobre Occidente originada por la apertura del Japón al mundo. A mediados del siglo XIX, con la llegada del comodoro Matthew Perry a Japón y la caída del Shôgunato Tokugawa, que llevaba casi tres siglos imponiendo su yugo sobre el pueblo nipón, el Emperador Meiji abrió las puertas de su reino al resto del planeta. Es de entender que todo lo que los holandeses, que tenían permiso del shôgun para comerciar limitadamente durante la era Tokugawa, no pudieron traer a Europa durante esos tres siglos saliera en tropel del archipiélago para darse a conocer en Occidente.

Al ser el Japón un país del que se tenía extremadamente poca información en Europa en aquella época, a muchísimos viajantes, artistas y bon vivants de todas clases se les antojaba como una tierra exotiquísima y ansiaban conocer la profunda cultura que el Japón podía ofrecer a sus continentes vecinos. Al originarse la Restauración Meiji y abrirse el país al resto del mundo,  al grito de perdedor el último (o casi), las gentes de arte se apresuraron por conocer todo lo que pudieran sobre su amado archipiélago y a incluirlo en sus obras. Y eso es, precisamente, lo que la palabra Japonismo pretende definir: la influencia que tuvo (y de hecho sigue teniendo) el Japón sobre el arte y sociedad occidentales.

Y ahora es cuando de verdad llego al núcleo de mi reportaje. El Caixafórum de Madrid alberga entre sus muros una fantástica exposición de muestras del arte japonés y occidental influido por el japonés que nadie debería perderse. Dividida en varias secciones, la exposición pretende mostrar al visitante una visión global del Japonismo y a la vez cubrir varios aspectos de la cultura occidental a los que las influencias de la cultura japonesa han conseguido conquistar.

La exposición empieza con una breve introducción histórica sobre los orígenes de la influencia japonesa sobre Occidente. Nos habla del primer contacto que tuvo el Japón con Europa, antes de la regencia de Ieyasu Tokugawa: las expediciones portuguesas a las Indias Orientales o las misiones jesuitas de San Francisco Javier en el siglo XVI. De esta época podemos encontrar diarios de viaje en castellano o portugués antiguo, crucifijos hechos de coral y nácar, hornacinas y pequeñas alhajas que trajeron los comerciantes portugueses, como guardas de katana, colgantes o hasta un auténtico kabuto (casco). De esa época también nos muestran anécdotas de un episodio poco conocido en la historia de España: La embajada de Hasekura Tsunenaga, vasallo del daimyô Date Masamune de Sendai, a nuestro país, donde fue recibido por el mismísimo Felipe II. Podemos encontrar una carta escrita por el mismo Masamune y un grabado holandés que enseña la escena en la que el Rey recibe a los japoneses.

Más adelante encontramos una sección donde podemos ver los inicios del Japonismo: cómo el arte japonés se asoma tímida y paulatinamente desde el arte occidental a mediados y finales del siglo XIX. Tenemos desde abanicos de la belle époque francesa con diseños inspirados en los motivos florales del arte japonés hasta vajillas de porcelana y vidrios con diseños de la Gran Ola de Hokusai. Pero, de esta sección lo que realmente merece la pena ver son los magníficos cuadros y grabados. Entre ellos, tenemos pinturas de artistas como Manet, Madrazo, Rusiñol o Sorolla en las que podemos ver que elementos tradicionales del arte japonés cohabitan con las temáticas del XIX europeo. Panorámicas de ciudades o paisajes con ligeros toques impresionistas que se basan en los diseños de los ukiyo-e japoneses; escenas de jóvenes vestidas con kimonos y jugando con incensarios o posando junto a jarrones de diseño oriental, o, simplemente, sentadas o tumbadas sobre telas con estampados y coloridos motivos florales; y el cuadro que es, en mi opinión, la joya de la exposición: La Parisina Japonesa, de Alfred Stevens. Como vemos, son cuadros totalmente occidentales pero en todos y cada uno de ellos podemos ver detallitos que recuerdan la fuente de inspiración de los artistas: los ecos venidos de la tierra del Emperador Meiji.

La siguiente sección está dedicada a las piezas de arte oriental que fueron codiciadas por diversos coleccionistas de la época (varios de ellos españoles). Tenemos una figura de gran tamaño de Buda Amida completamente cubierta de pan de oro, varios muebles de maderas nobles y marfil con incrustaciones de plata y nácar y con tallas de motivos florales, ornitológicos y mitológicos (sobre todo armarios y tocadores), tapices con escenas florales y animales con coloración al estilo ukiyo-e… Pero, sobre todo, llaman la atención los grabados de Utagawa Hiroshige, entre ellos el famoso Puente bajo la Lluvia y algunos de escenas invernales y de festejos. Sinceramente, me parece una labor y dedicación admirables por parte de La Caixa el hecho de que hayan conseguido exponer algunos de los famosos grabados de Hiroshige para que los visitantes los podamos ver al natural. También son dignas de mención dos tallas de bronce de pequeño tamaño que representan a un hombre y mujer japoneses de la época del escultor Justo Gandarias.

Por último, en el último sector de la exposición podemos ver las obras de arte que mejor reflejan el concepto del Japonismo. Haciendo especial hincapié en la escena artística española del finales del XIX y principios del XX, en esta parte podemos de verdad experimentar el Japonismo en carne propia. Aprovechando que este año se cumple el 400 aniversario de las relaciones oficiales España-Japón, la Caixa expone varios objetos relacionados con la Exposición Universal de 1888 de Barcelona, la primera vez que Japón fue incluido en las Expos. Desde el cartel oficial hasta un retrato del rey Alfonso XIII de niño vestido a la japonesa (ver para creer), pasando por tallas y tapices originales la propia Expo, estos objetos son sólo la introducción al auténtico espíritu del Japonismo.

La parte de la muestra más rica en él, justo a continuación de los objetos de la Expo, expresa ya la consumación del Japonismo en Occidente, mostrando objetos de la vida cotidiana, carteles, joyas, bocetos o incluso vestidos rendidos ente los encantos del refinamiento nipón. Podemos encontrar lujosas composiciones modernistas al más puro estilo bohemio y parisino, como diseños para portadas de libros y revistas de arte, carteles publicitarios de cabarets, cafeterías y tabaco que son una explosión de color y sincretismo ukiyo-enouvel art; podemos admirar unos preciosos bocetos de la vida teatral japonesa pintados por artistas como Picasso o el menos conocido Oleguer Junyent representando bailarinas, geishas, actores o público teatral; podemos contemplar estampados y motivos florales llenos de colorido de la corriente art déco y hasta podemos descubrir vestidos teatrales del noh o incluso creaciones de modistos como Balenciaga basadas en la ropa tradicional japonesa.

Y, cómo no, también hay hueco para la modernidad en nuestra visita. Al final del todo están expuestos un biombo con retratos expresionistas de japonesas, atribuido a Salvador Dalí y un curioso cuadro de Joan Miró que combina un retrato fauvista con una copia realmente fiel de una xilografía de los últimos años de la era Tokugawa. Por último, hay una sala anexa a la exposición donde exponen la influencia del Japonismo sobre las artes escénicas: desde libretos originales de El Mikado y Madame Butterfly hasta unas proyecciones de cortos cómicos y artísticos del cine primitivo en los que aprovechan la estética oriental (Les fleurs animées – Las flores animadas).

Toda esta maravillosa exposición viene acompañada por un ciclo de conferencias de temática común, conciertos de artistas del koto y shamisen y proyecciones de películas de Yasujiro Ozu, Akira Kurosawa, Takeshi Kitano o Hayao Miyazaki. Casi todos estos eventos ya han pasado (lamentablemente), pero el resto de la exposición (que es lo que realmente importa y merece la pena ver) permanecerá en la capital hasta Febrero. Así que, gentes que viváis en Madrid y no la hayáis visto todavía, apresuraos a sacar la entrada. Es una oportunidad única para admirar maravillosas obras de arte de una calidad fantástica.

Y, los que hayáis ido a la exposición, ponedme en los comentarios vuestras opiniones al respecto. Estaré encantado de hablar con vosotros sobre ello.

2 thoughts on “Japonismo: La fascinación por el arte japonés [Exposición]

Dani Pilot
Dani Pilot el 8 Diciembre, 2013 a las 1:50 dice:

Un artículo que hace realmente justicia de lo que la exposición es: merece la pena y tiene un gran interés cultural.

Me ha encantado el poder ver reflejado como en los 400 años de relaciones que cumplimos este año con el país del sol naciente hemos ido influenciándonos de su cultura y así se ve reflejado en nuestras obras de arte nacionales y de nuestros vecinos franceses, portugueses…

    Elzhevir
    Elzhevir el 8 Diciembre, 2013 a las 11:33 dice:

    Gracias, Dani! Ya notaba yo cuando fuimos que te estaba encantando ^^
    Si es que la influencia del arte japonés ya lleva mucho tiempo en Occidente, mucho tiempo antes de la llegada del manga moderno, aunque haya gente que no lo crea.

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