El legado de Golden Sun – Parte III: La inspiración solar



OMR Madrid - 4/02/2017 19:38 h

Hace tres lustros que se concibió Golden Sun, un RPG original de la GameBoy Advance.

O casi, ya que el 2016 lamentablemente ya pasó. De todas formas, aquí en OMR continuamos con este monográfico dedicado a los quince años de esta saga de videojuegos tan querida por sus jugadores. Os recuerdo es una serie de tres artículos, siendo este el último de todos. Los dos anteriores textos estaban dedicados al análisis de la trama, de sus mecánicas como videojuego y al análisis de su trasfondo, haciendo hincapié en las gentes y los lugares, respectivamente.

Para este último artículo quiero algo diferente. Esta vez he deseado analizar algo más tangible, algo más relacionado con la realidad. El título de este artículo es “La inspiración solar”. Lo que ha inspirado al Sol, o qué es lo que inspira el Sol en la gente. Hasta dónde ha llegado la influencia de Golden Sun en este mundo, y de qué fuentes ha bebido. En resumen: Qué es lo que ha dado forma a Golden Sun, y cómo nos han formado estos tres juegos a todos nosotros, sus jugadores.

Así de primeras puede parecer una temática algo abstracta y sobre la que es difícil disertar sin tenerla muy clara. No obstante, es un ejercicio tremendamente interesante que os presento aquí mismo: voy a enumerar varias temáticas alrededor de las que giran estos juegos y escribiré un apartado sobre cada una, explicando cómo Golden Sun ha interpretado esas temáticas y las ha aprovechado para formarse. Además, en el último apartado explicaré la posición que esta saga ha llegado a ocupar en el acervo popular de este mundo, y qué marca ha dejado en todos los jugadores que la adoramos.

He intentado escribirlo de manera que resulte ameno, y que todo el mundo pueda llegar a entenderlo aunque no haya jugado a los juegos, sin destriparles la trama en profundidad.

La inspiración solar – La Alquimia

La temática más evidente que gobierna sobre Golden Sun es el mundo de la alquimia. A lo largo de las tres entregas no se para de bombardear al jugador con la importancia que tiene la alquimia en el mundo ficticio de Weyard, donde se localizan los hechos de esta saga. Durante muchísimo tiempo, anteriormente a la historia narrada en los juegos, surgieron en Weyard dos grandes civilizaciones de alquimistas, los Jenei y los Exathi, el pueblo de los sabios y el pueblo de los artesanos. Ambas culturas llegaron a dominar la alquimia a la perfección, los unos estudiando los cuatro elementos básicos, dejándose inundar por ellos y sus flujos hasta poder doblegarlos a voluntad, y los otros construyendo grandes obras de ingeniería que hacían uso de los flujos alquímicos para elevar su pueblo hasta el pináculo de la creación.

Tal como era de esperar, y debido a la condición humana, la dominación de su propio planeta no era suficiente y los antiguos alquimistas decidieron ir un paso más allá e intentaron dominar la alquimia solar, lo que causó su perdición. Tras el cataclismo conocido como el Eclipse, originado por sus experimentos fallidos, los Exathi se extinguieron; y los pocos Jenei supervivientes decidieron sellar la alquimia que ellos conocían, la de los cuatro elementos telúricos, en cuatro joyas de cristal -las Estrellas Elementales– para asegurarse que nadie en el futuro tuviese que sufrir las consecuencias de los fallos alquímicos. Las estrellas se encerrarían en el centro de Weyard, la caldera de un volcán, el Monte Aleph.

Poco a poco el conocimiento de los Jenei se fue olvidando, y sus descendientes, asentados alrededor de las fuentes naturales de flujo alquímico para controlarlas, al final solo compartirían con sus antecesores un vínculo natural con los flujos alquímicos de Weyard, con el que podrían seguir controlando los elementos con su mente y voluntad más allá de la ciencia. De ahí que al final, a dichos flujos los acabasen llamando psinergía, o energía mental.

Los Adeptos, tal y como se conoce en Golden Sun a la gente sensible a la psinergía, son entonces descendientes de Jenei que desconocen la ciencia alquímica pero que son capaces de controlar los elementos con su mente debido a su vínculo con las energías del planeta, heredado de sus ancestros. La mayoría de los personajes importantes en Golden Sun son representantes de estos Adeptos, y cada uno es capaz de manejar uno solo de los cuatro elementos weyardianos: Venus (tierra), Mercurio (agua), Júpiter (aire) y Marte (fuego).

La alquimia tal y como se ha introducido en Golden Sun comparte bastantes ideas y conceptos con la “real”, que se ha practicado durante toda la historia. Una definición prosaica de la alquimia es disciplina con la que se persigue el fin de la transformación de metales innobles, como el plomo, en metales nobles, como el oro. Sin embargo, pese a ser la definición más conocida, es bastante incompleta debido a que encierra tan solo el fin material. En realidad, la alquimia podría definirse como una disciplina que persigue el conocimiento del universo, el cuerpo y el alma y, por lo tanto, la elevación del propio alquimista, basándose en teorías de transformación de elementos y metales.

Sin duda se trata de una definición algo abstracta y hermética, difícil de entender. Generalmente los antiguos alquimistas eran filósofos que habían estudiado muchas ramas de la ciencia y artes conocidas en su época: matemáticas, lógica, gramática, astronomía, historia, teología, geografía y filosofía natural (el antecesor de la física, biología y química), entre otras. Por lo tanto, eran hombres muy cultos y sabios, y probablemente ávidos de conocimiento. Esa sea posiblemente la razón de que además se dedicasen a la alquimia, dado que era una ciencia que jugaba con las leyes fundamentales del universo y prometía una elevación del individuo. Así, la alquimia se alimentaba de todas las demás ciencias que sus usuarios dominaban, y por lo que es difícil de clasificar. Siempre con el fin del conocimiento adquirido mediante la manipulación de las leyes del universo, claro.

Como se ve, tiene cierto parecido con la alquimia de Golden Sun. Los antiguos Jenei, de alguna forma no explicada en los juegos, consiguieron dominar los elementos weyardianos, lo que les permitió comprender el funcionamiento de su planeta y su manipulación a su antojo, colocándose por encima del humano no iniciado. Exactamente eso es lo que los antiguos alquimistas pretendían: manipular los supuestos elementos de los que se compone el cosmos y mediante ese conocimiento llegar a la máxima comprensión y alcanzar un plano superior, al menos en sabiduría y en elevación espiritual.

Pese a que la alquimia se ha practicado durante muchas épocas y lugares, variando sus fundamentos según su tiempo y procedencia (obviamente), todas las ramas han compartido el aspecto de la transformación de elementos básicos como vía principal para alcanzar su fin. Se dice que esto sentó las bases de la química moderna, y de hecho, al menos en las operaciones de síntesis, ambas ciencias son bastante parecidas. Muchos alquimistas del antiguo Egipto o de China mezclaban metales, sales y sustancias naturales conocidas, debido a que sostenían que eran materia elemental de la Tierra. No obstante, las bases más conocidas las sentó el alquimista persa Geber (como se conoce a Ŷābir ibn Hayyan), que postulaba que toda materia del cosmos se componía fundamentalmente de partículas de los cuatro elementos clásicos, clasificados por Aristóteles, la Tierra, el Agua, el Aire y el Fuego, en distinta concentración. Mediante numerosas cocciones, destilaciones y filtrados conseguía separar la materia en agua, aceite o alcohol, sales inflamables y residuos físicos. Y sostenía que estos cuatro componentes eran la encarnación pura de las partículas de los elementos aristotélicos. A partir de ese razonamiento, Geber teorizaba que modificando las proporciones de estos elementos en cualquier materia se obtendría una transformación a otra materia distinta, la que se compondría de las proporciones nuevas. De manera que, añadiendo a otra sustancia más o menos cantidad de cualquiera de estos componentes y pasándola por un catalizador se efectuaría la transformación.

Esto, además, se asemeja a la síntesis con elementos químicos, como seguramente habréis observado.

Como habréis adivinado, aquí reside otro parecido con Golden Sun. Los elementos aristotélicos coinciden perfectamente en su definición natural con los elementos weyardianos, y los Jenei, doblegando con su mente los flujos alquímicos elementales, podían conseguir lo que quisieran y alcanzar el conocimiento. Parecido a la transmutación de la materia ideada por Geber.

Aunque la alquimia de Golden Sun parece más una disciplina “mágica” y mística que la supuesta ciencia que era la alquimia real, ambas comparten un fin elevado, espiritual y sagrado. En los siguientes apartados se profundiza más en aspectos particulares de la alquimia real y cómo se encarnan en Golden Sun.

Contrariamente a las ciencias actuales, la alquimia también mezclaba ideas filosóficas y morales dentro de sus teorías supuestamente científicas debido a su concepción como amalgama y consecuencia del estudio de varias disciplinas y persecución de la sabiduría. Entre ellas, la influencia de los cielos y de Dios o la divinidad sobre el cosmos y los alquimistas, de la que surgió la tradición de guardar en secreto, y crípticamente, los avances en la alquimia que cada individuo consiguió para evitar la corrupción del espíritu por egoísmos y materialismos. Así mismo, los procedimientos a seguir para mantener en equilibrio las transmutaciones y evitar la liberación de grandes cantifdades de energía, como podría ser en el caso de una explosión nuclear. Se dice que el alquimista Fulcanelli, del siglo XX, compartió de estos últimos con físicos que investigaban la relatividad y la radiactividad, aunque obviamente es difícil de creer.

Esto se traduce en Golden Sun con las figuras de las Invocaciones (como se verá más adelante), una especie de divinidades alquímicas de Weyard, y su relación con la psinergía y los espíritus elementales, los Djinns. Así mismo, el cataclismo del Eclipse y el Sol Dorado como consecuencias de la alquimia descontrolada guardan paralelismos con la radiactividad y los desastres nucleares.

Al dios egipcio Thoth, asociado a Hermes posteriormente, se le considera un patrón de la alquimia

Por último, antes de seguir concretando, quiero discutir la etimología de la palabra alquimia. En teoría, viene del árabe al-khīmiyā (“la Tierra Negra”), que hace referencia al antiguo Egipto, donde supuestamente nació esta disciplina, y sus tierras oscuras y fértiles por el Nilo. Sin embargo, según el alquimista griego Zósimo de Panópolis, que actuó en esa misma tierra, la alquimia se debe a un personaje llamado Kemes. En Egipto había una población grande de judíos, en cuyo idioma de aquel entonces la palabra kemes significaba “Sol”. De esa manera, la alquimia sería la ciencia practicada por los seguidores de Kemes, los adoradores del Sol. La ciencia inspirada por los dioses solares, como Ra.

Golden Sun significa Sol Dorado. El oro, una de las transmutaciones materiales perseguidas por los alquimistas, está asociada según su ciencia con la influencia del Sol. Las conclusiones son obvias.

La inspiración solar – El Anhelo de la Perfección

Además de su significado alegórico, el nombre Golden Sun se refiere además a un concepto de importancia en los propios juegos, y que marca un impasse entre el segundo y el tercero. El conflicto existente en los dos primeros juegos es la liberación de la alquimia en Weyard. Un grupo de Adeptos del lejano norte del planeta viaja al Monte Aleph y le arrebata las Estrellas Elementales. Su objetivo es viajar a cada uno de los Faros Elementales, cuatro torres inmensas construidas en los bordes del mundo que fueron construidas como canalizadores de los cuatro flujos psinérgicos elementales, e introducir en cada uno la Estrella de su elemento correspondiente. Actuando así, los Faros se encenderán y romperán el sello aplicado por los Jenei sobre la energía alquímica. Si se encendiesen los cuatro Faros, se liberarán los cuatro elementos sobre el planeta y el poder de la alquimia volvería a las gentes de Weyard.

En el primer juego, El Sabio, el Guardián de la Alquimia que dormita en la caldera del Aleph junto a las Estrellas, les encomienda a los protagonistas recuperar las Estrellas y evitar la rotura del sello de los Jenei, ya que, además de volver a arriesgarse a que la humanidad volviese a pecar de grandeza y se originase de nuevo el Eclipse (más adelante se explicará), al volver a encender los Faros su luz se concentraría sobre el Monte Aleph, y al juntarse de nuevo los cuatro elementos se formaría el Sol Dorado: la quintaesencia de la energía alquímica, en su forma más pura, que tomaría la forma de una brutal explosión de energía como consecuencia de la liberación que podría llegar a destruir Weyard.

El Sol Dorado es una alegoría del fin inmediato de la ciencia de la alquimia “real”. Os recuerdo la definición prosaica de la alquimia: disciplina con la que se persigue el fin de la transformación de metales innobles, como el plomo, en metales nobles, como el oro. Obviando el hecho de que el fin principal es la elevación del hombre mediante la manipulación y transformación de los elementos, la primera transmutación que deseaban todos los alquimistas era la obtención de oro.

En un principio puede resultar un fin materialista (en lo que personalmente coincido), pero para ellos tenía otro significado. El oro es un metal noble, y en sus conocimientos de la materia tenían la idea de que el oro era el súmmum de los materiales: el metal más estable, el más perfecto, el más elevado, y que el resto de los metales tendían hacia él escalando distintos escaños de perfección. De manera que este primer fin alquímico era la búsqueda de la perfección material como paso hacia la perfección espiritual de la que se habló antes.

Por mucho que la alquimia se acerque más a una filosofía que a una ciencia fundamentada, como dije antes sí que poseía ciertos conocimientos reales sobre la materia. En consecuencia, la transmutación de metales al oro no se producía mágicamente, sino efectuando una reacción química con un catalizador conocido como la Piedra Filosofal. Supuestamente se calentaba el metal a transmutar en un crisol, y se le echaba por encima un fragmento de Piedra Filosofal envuelto en papel, seda o cera que haría mutar la materia y se obtendría oro como resultado.

Por consiguiente, la inmensa mayoría de los alquimistas emplearon sus esfuerzos en sintetizar Piedra Filosofal para llegar a sus fines. Como es obvio, los métodos y recetas varían según la procedencia y el tiempo. El alquimista chino Ge Hong dejó unos textos en los que basándose en la teoría del Tao y nueve materiales puros indica como conseguir Piedra Filosofal, de la que dicen que hay unos restos en el museo imperial de Nara (Japón). El francés Jacques Bergier, en el siglo XX, recibió una carta anónima que indicaba su fabricación mediante compleja química inorgánica e isótopos estables. Aunque el caso más conocido del mundo es el del parisino Nicolás Flamel.

Curiosamente, según la tradición alquímica, la Piedra Filosofal también puede emplearse como catalizador para alcanzar la perfección del humano: unas pequeñas cantidades disueltas homeopáticamente en agua tridestilada y hervida formarían el Elixir de la Vida, que ingerido reforzaría el organismo, curaría enfermedades e infecciones y permitiría vivir durante períodos de tiempo que con mucho exceden una vida humana. Ese fin, más que el del oro, fue el perseguido por los alquimistas orientales, de acuerdo con el taoísmo.

En Golden Sun, la causa de la aparición del Sol Dorado no reside solamente el la unión de todos los flujos alquímicos liberados. Reside en que esta unión provoca la aparición de la Piedra de los Sabios, cuya síntesis es la que provoca toda la liberación de energía que tanto teme el Sabio. Se trata de una síntesis ta pura que casi es como una reacción nuclear. Como se ve, en Golden Sun se juega muy diestramente con los conceptos del Oro, el Sol y la Piedra Filosofal como medio para su aparición y como alegoría de la perfección.

Rizando más el rizo, el personaje de Alex, el auténtico antagonista de Golden Sun, es de la opinión que no solamente el Sol Dorado simboliza la liberación de la alquimia que desea, sino que también una persona que se encuentre en el Monte Aleph en el momento de la síntesis se convertirá en el receptáculo de los poderes de la Piedra de los Sabios, es decir, que obtendrá poder alquímico ilimitado, y la vida eterna. Es por eso por lo que maneja a todos los personajes para hacerse él con el fin último de todo alquimista: alcanzar la perfección.

Consecuentemente, Alex también simboliza dos de los anhelos del ser humano que más se han repetido en toda la historia y que son comunes en la literatura y resto de ficciones: el ansia de poder y el ansia de la inmortalidad. Desde los emperadores romanos hasta gente como Adolf Hitler, e incluso individuos anteriores y posteriores, la gente se ha valido de métodos poco éticos y esoterismos y supersticiones para alcanzar esos anhelos, al parecer básicos en el humano, y fundamentados en el miedo.

Aunque, claramente, éstos distan bastante de la perfección anímica y desinteresada ansiada por los antiguos alquimistas. En Alex se encuentra pues el conflicto entre la perfección alquímica y la perfección humana.

La inspiración solar – El Poder de la Mente

Si nos concentramos en el concepto de psinergía que nos muestra Golden Sun, resulta algo raro en relación al resto de la alquimia. ¿Por qué, si la alquimia es supuestamente una disciplina científica que maneja los principios fundamentales de Weyard -los elementos-, los Adeptos de los juegos la entienden de una forma mística? ¿Por qué son capaces de manejar las energías elementales con su mente, a voluntad?

Esto supuestamente se origina por la exposición a los elementos weyardianos. Como se identificará en el siguiente apartado, los elementos alquímicos de Weyard se encarnan en forma de energía, no en las formas físicas del fuego, tierra, aire y agua. Al haber estado los Jenei expuestos a las energías alquímicas durante generaciones, y sus descendientes asentados alrededor de las fuentes naturales de esta misma energía, sus organismos han sido inundados e influidos por ella, habiéndose ligado la energía de su psique (alma y mente) a la de la alquimia. De esa forma, el alma de los Adeptos se asume a la energía elemental, y por eso pueden notar, manejar y encarnar de forma física los flujos alquímicos de Weyard con su mente. Conviene recordar que la palabra psique hace referencia al mismo tiempo al alma y a la mente de manera indivisible. De ahí que los Adeptos, ya ignorantes en la ciencia de sus antepasados, llamen a la energía alquímica psinergía.

Este concepto está basado, como no, en un aspecto concreto de la alquimia: más concretamente en la alquimia china. Como muchas de las antiguas disciplinas de esta civilización, tiene una fuerte carga mística, entremezclada con el Taoísmo. En pocas palabras, el Taoísmo consiste en una doctrina filosófica y naturalista que se fundamenta en el choque entre dos fuerzas opuestas y complementarias -el Yin y el Yang-, presentes en múltiples aspectos, cualidades, fenómenos y organismos del mundo. Ambas son reguladas, reconciliadas y sometidas por una fuerza superior, omnímoda y vacía llamada Tao, o Dao.

Los adscritos al Taoísmo gestionan todos los aspectos de su vida según la cantidad de Yin o de Yang que, presuntamente, puedan contener o aportar sus decisiones, lugares donde se encuentren o personas a las que conozcan, entre otras muchas ocurrencias. Importante en el Taoísmo es el flujo, la mutabilidad del camino de las energías. El Yin ha de ser mutable al Yang, y viceversa, de manera que la energía de cada persona no se estanque en uno de los polos. El tipo de mutabilidad del camino influye de una manera u otra en la vida.

En consecuencia, la alquimia, al igual que la medicina, la filosofía o las artes marciales, está influida por el Tao. El concepto de la mutabilidad de las energías resultaba muy atractivo para los alquimistas chinos, y resulta compatible con el significado y métodos de la alquimia explicados anteriormente. El fin fundamental de estos sabios era alcanzar la inmortalidad, o al menos una vida prolongada, de acuerdo con los preceptos energéticos del Tao.

Para ello resulta de importancia el concepto del Qi (pronunciado chí). Esta palabra significa la energía del todo que fluye en el cuerpo. Lo que quiere decir que el Qi es la energía de la naturaleza, del espacio, y cómo esta afecta al organismo, tanto manteniendo la salud como provocando enfermedades. Como energía de tradición taoísta, su flujo libre y regulación es tremendamente importante para evitar desgracias, mayoromente controlado mediante la respiración (técnica conocida como Qigong, o en occidente como Chi Kung).

Todos los adeptos de la tradición taoísta cuidaban el flujo y la mutabilidad de su Qi. Para los alquimistas era especialmente importante en sus estudios de la mutabilidad, el flujo de las energías y alcanzar la sabiduría y la larga vida, debido que era su parte del Tao. Los grandes sabios y militares chinos decían estar tan compenetrados con su Qi que hasta podían dominar y regular su entorno energéticamente gracias a él, o incluso emplearlo para fortalecer el cuerpo en la guerra (lo que dio paso a grandes artes marciales como el Kung Fu).

Obviamente, la psinergía de Golden Sun tiene una clara inspiración en el Qi de los alquimistas chinos. La psinergía está ínitmamente ligada a la psique de los Adeptos, y con ella son capaces de manipular los flujos elementales de su entorno a voluntad e incluso emplearla para alterar el mundo físico y ayudar en los combates; y el Qi, que fluye por el organismo, es una parte del Tao, el principio energético universal, y con el que supuestamente se está en conexión total.

Acertadamente, en el pueblo weyardiano de Xian, basado en la China tradicional, los protagonistas de Golden Sun pueden visitar una escuela de artes marciales en la que los alumnos realizan proezas sobrehumanas gracias a una energía llamada Chi, que supuestamente es otro nombre para la psinergía.

La inspiración solar – Fuerzas del Cosmos

La alquimia de los Jenei en Golden Sun, como se ha visto, guarda cierto parecido con la alquimia real, sobre todo en el ámbito de la búsqueda de la comprensión y la sabiduría sobre el cosmos y la manipulación física de los elementos. Al igual que los postulados por Aristóteles en la antigua Grecia, Weyard presenta cuatro elementos telúricos asociados con la tierra, el agua, el aire y el fuego, cuyos flujos y materializaciones son los que manejaban los Jenei y sus descendientes Adeptos. Los nombres de los cuatro elementos weyardianos son Venus, Mercurio, Júpiter y Marte, respectivamente.

La elección de estos nombres por parte de la desarrolladora de los juegos no es baladí. Esos nombres son de cuatro dioses de la mitología romana y, a la vez, a cuatro planetas de nuestro sistema solar. A pesar de ello, en Golden Sun no se refieren a ninguno de estos conceptos: aquí la palabra Venus hace referencia al elemento relacionado con la tierra, la palabra Mercurio al elemento del agua, y Júpiter y Marte a los elementos del aire y del fuego. Es necesario desconectar de los significados reales de esos cuatro nombres y asumir su significado weyardiano cuando se juega a Golden Sun.

No obstante, sí que existe cierta relación. Algunos alquimistas reales eran, además, expertos en astronomía y astrología y confiaban mucho en la posición de las estrellas y los planetas a la hora de efectuar sus experimentos, e incluso de recolectar los metales y sustancias necesarios. Esta práctica era más notoria en los alquimistas mesopotámicos, egipcios y cristianos que en los musulmanes, hindúes o chinos. Así mismo, a la hora de codificar sus experimentos, asociaban varias de sus sustancias y metales a determinados cuerpos celestes.

Los alquimistas occidentales legaron a la posteridad su codificación y relaciones materia-cosmos. Ya expliqué que el Sol, en su condición de “inspirador” y astro perfecto, se asociaba con el oro. Otros ejemplos son la Luna-plata, Mercurio (planeta)-mercurio (metal), Venus-cobre, Marte-hierro, Júpiter-estaño o Saturno-plomo. Incluso en sus códices, papeles y similares, explicaban sus fórmulas empleando los símbolos astrológicos de los planetas como código para referirse a sus reactivos, debido al lenguaje críptico que habían de usar para mantener su código deontológico y confidencialidad.

Como curiosidad adicional, los metales radiactivos uranio, neptunio y plutonio son los herederos de facto de esta codificación. Todo surge de una feliz coincidencia: el uranio debe su nombre al descubrimiento del planeta Urano, casi coincidente en el tiempo con el de este metal. Y además, para obtener neptunio y plutonio, es necesario bombardear atómicamente el uranio. Muy parecido a una transmutación de un elemento alquímico en otro. Por eso, y como homenaje a las investigaciones químicas de los antiguos alquimistas, estos elementos se asocian a Urano, Neptuno y Plutón, los tres planetas principales restantes.

Los elementos weyardianos en Golden Sun son, pues, una bonita referencia combinación de la alquimia de Geber, basada en los elementos de Aristóteles, y de la codificación astrológica de los metales.

Además, la relación con los planetas no acaba aquí. Como se ha dicho, los elementos weyardianos toman la forma de flujos energéticos, que pueden ser manipulados por los adeptos para sus fines con su mente. Durante todo Golden Sun se insiste en conceptos como la “liberación de los elementos”, “vórtices psinérgicos”, “presencia de psinergía fuerte” o “lugares de energía elemental”. Esos términos apuntan sutilmente que los elementos actúan sobre el planeta como si fuesen campos y/o flujos electromagnéticos.

Como seguro que los lectores sabrán, uno de los fundamentos físicos de nuesto universo es la electricidad. El movimiento de los electrones y otras partículas subatómicas y su concentración es algo básico. En consecuencia, casi todos los cuerpos celestes con núcleos activos, como estrellas o planetas, generan campos electromagnéticos, y los distintos movimientos y concentración de los mismos son omnipresentes. En eso mismo parece que está basada la alquimia elemental de Golden Sun.

En Weyard existen determinados puntos naturales que son fuentes naturales de psinergía, como las Rocas Elementales o el Monte Aleph. De este último de dice que es el principio y el fin de la alquimia, donde ésta nace y muere. Como Weyard es un planeta en forma de disco y el Aleph está en su centro, es el ombligo alquímico del mundo. Es decir, el equivalente a su polo magnético, de donde surgen los flujos alquímicos del planeta y a donde vuelven. Las Rocas son equiparables a puntos telúricos.

Así mismo, los cuatro Faros Elementales que canalizan los flujos psinérgicos de cada elemento, juegan el rol de colectores o generadores energéticos. Cuando, en los dos primeros juegos, se arroja la Estrella correspondiente en la linterna de cada Faro, éste se enciende, y su luz inunda Weyard liberando los flujos de cada elemento. Si bien el papel de los Faros es acumular toda la energía de cada elemento y expulsarla de una manera estable y uniforme o generar unos flujos asimilables por los humanos a partir de la esencia encerrada en las Estrellas, no se sabe con certeza.

Lo que demuestra lo enunciado antes. La alquimia en Weyard es el equivalente a la electricidad en la realidad, tanto en su estado natural como en el artificial. Al igual que nuestra tecnología se fundamenta en las leyes eléctricas, la civilización de los Exathi se basaba en las máquinas alquímicas.

Por último, no se puede hablar de las fuerzas del cosmos sin comentar su capacidad de destrucción y su descontrol. Ya se han comentado anteriormente los eventos del Eclipse y el Sol Dorado. Y se confirmó que el Sol Dorado es la inmensa liberación de energía producida tras la más magna síntesis alquímica: la Piedra de los Sabios, originada por el choque de las cuatro energías elementales en igual grado de pureza. Tremendamente similar a la liberación de energía tras las reacciones nucleares descontroladas, y dejando igualmente un vasto cráter en la antigua situación del Monte Aleph tras los eventos del segundo juego.

Sin embargo, el Eclipse aún no se ha definido. Los antiguos Jenei y Exathi llegaron a obtener la máxima comprensión sobre Weyard y los flujos elementales que gobernaban su física, alcanzando sus civilizaciones el cénit. Aun así, creyeron que su conocimiento de la alquimia no era suficiente y decidieron explorar una fuente alquímica externa al planeta: el Sol. Recordemos lo mencionado sobre los dioses solares como inspiradores de los alquimistas y este astro representando la perfección material. Para poder canalizar la psinergía proveniente del Sol mandaron a los Exathi construir la Lente de Apolo, y como receptáculo del elemento opuesto al Sol -la Luna– el Faro de la Luna. Pero como se dice, no se puede jugar a ser Dios e intentar manipular la perfección siendo imperfecto, y la psinergía almacenada en el Faro de la Luna resultó ser inasimilable por la humanidad. El experimento salió mal y alrededor del Faro de la Luna se extendió un campo de alquimia dañina, mucho más poderosa que la telúrica, y que bloqueó por completo el resto de elementos. Los Jenei y los Exathi enloquecieron por el dolor y acabaron por destruirse entre ellos. Solo unos pocos Jenei supervivientes consiguieron acabar con el Eclipse -como así se llamó a la zona de sombra alquímica- disparando el elemento solar desde la Lente de Apolo y destruyendo el Faro.

El Eclipse recuerda sobremanera a la radiactividad presente en la tierra tras experimentos descontrolados con elementos inestables, y sus fatales consecuencias. Las fuerzas físicas presentes en el universo, por muy útiles que puedan ser, también pueden resultar letales por lo poderosas e implacables que son.

La inspiración solar – Tecnología Ancestral

El conocimiento y la sabiduría son (o deberían ser) dos conceptos de suma importancia para la humanidad, no solo para los alquimistas antiguos. Durante gran parte de la historia moderna la humanidad ha fantaseado con el nivel de conocimiento de sus antecesores. Al ser nuestra sociedad de nuestros días antropocentrista y cronocentrista, tendemos a pensar que el momento actual es el pináculo de la humanidad, en todos los ámbitos, y que los tiempos pasados fueron menos desarrollados, y que los tiempos futuros solo aguardarán decadencia.

Sin embargo, hay ocasiones en las que se elucubra sobre si el nivel de conocimiento de sociedades pasadas era tan elevado, o incluso más que el nuestro. Nunca faltarán las sorpresas cuando la gente descubre que los griegos inventaron el concepto del computador, o que los cartagineses exploraron tierras más allá del Ecuador o que los romanos llegaron a América (aunque probablemente lo hiciesen por accidente o no lo supieran). En varias obras de ficción modernas se explota la fantasía de sociedades tecnológicas y más avanzadas que las nuestras que, debido a determinados cataclismos, perecieron y restos suyos influyen en la actualidad, como las ideadas por varios escritores románticos, góticos o de ciencia-ficción. Seguro que muchos de los lectores conocen varios ejemplos: es un tema que se ha convertido en común en los géneros de fantasía.

El paradigma de estas ensoñaciones es la Atlántida. Se trata de un continente perdido descrito por Platón en varios de sus Diálogos, ubicado en el Océano Atlántico y cuyo poder y magnificiencia le hicieron dominar casi todo el mundo occidental conocido 9000 años antes de los tiempos de este filósofo. Una gran catástrofe marina hizo que su imperio se hundiese en un día y una noche, y todo su esplendor se perdería. Al sostener que se trataba de un hecho histórico verificado (literariamente), los textos de Platón llevaron a muchos exploradores e historiadores a intentar encontrar el mítico continente, naturalmente sin éxito.

El punto central de mi argumentación es que en Golden Sun también se aprovechan estas creencias y ensoñaciones sobre civilizaciones perdidas para elaborar el trasfondo y la historia de Weyard. Como se habrá adivinado, influye en la concepción de los Exathi y los Jenei como civilizaciones perdidas de nivel tecnológico y conocimiento superiores a los de la sociedad del tiempo de Golden Sun y caídas por su propia ambición (cuyos restos mecánicos se pueden reconocer en los Faros Elementales, los Generadores, Fuentes y Forjas Alquímicas o ruinas como Uróboros o la Atalaya del Guerrero). Pero también influye en la idea de otros pueblos que aparecen en esta saga.

Toca hablar de Lemuria, de la que hay dos versiones: una real y otra en los juegos. En Golden Sun, es la tierra de los últimos Jenei vivos sobre Weyard. Se trata de una ciudad ubicada en lo alto de un peñasco en pleno centro del Mar del Este, rodeada por una multitud de corrientes peligrosas y farallones que llevan a cualquier barco no alquímico (con una sonada excepción) a su perdición. Supuestamente en el tiempo del auge de los Jenei Lemuria contaba con un tamaño mucho mayor, al nivel de un continente pequeño, pero tras el sellado de la alquimia la naturaleza fue decayendo poco a poco y hundiéndose paulatinamente en el mar. Similar a la Atlántida.

Supuestamente los Jenei de Lemuria ni se extinguieron ni olvidaron sus conocimientos debido a que estaban lejos del radio de influencia del Eclipse, por lo que no tuvieron que mudarse de su país y conservaron su herencia cultural. Por ello siguen empleando los barcos alquímicos para navegar y poseen una fuente de aguas alquímicas de la eterna juventud. Sin embargo, su posición aislada y su lento hundimiento han convertido la última ciudad de Lemuria en una sociedad tremedamente decadente y estancada en el tiempo, en la que los ancianos no mueren y no nacen nuevos niños: una sombra de lo que podría haber sido.

La Lemuria de Golden Sun, por su trasfondo y la arquitectura de tipo griego que se ve en los juegos es una interpretación de la Atlántida de Platón. Sin embargo, existe una teoría de Lemuria en la realidad. Fudamentalmente se postuló como explicación a que se podían encontrar lémures en Madagascar y animales similares en la India: dos lugares separados por el océano Índico. Antes de explicar el movimiento de las placas tectónicas y la teoría de Pangea, los biólogos creían a pies juntillas que una franja de tierra existía atravesando el océano Índico, por la que los lémures podrían haberse comunicado entre Asia y África, y que ésta se hundió posteriormente. De ahí que a ese supuesto continente hundido se le haya llamado Lemuria.

Algunos atribuyen a las ruinas de Yonaguni una pertenencia a Lemuria o a Mu

Volviendo al tema de la alquimia, aquí también se puede hablar de continentes perdidos. En algún momento del auge de la etnología y la arqueología durante los siglos pasados, ciertos amantes de las ciencias ocultas y alquimistas sostenían que, debido a similitudes entre culturas antiguas de todo el globo -como la adoración a dioses solares o alfabetos de ideogramas fonéticos-, la humanidad en su conjunto nació en un solo continente, ahora supuestamente hundido en medio del océano Pacífico, llamado Mu. El nombre surge de investigaciones (erróneas) de placas de los Mayas.

Los alquimistas del siglo XIX, y algún iluminado del siglo XX e incluso de la actualidad, creían fervientemente en Mu como cuna de la civilización. En ella, dicen, prosperaron la moral, las artes y las ciencias, y que llegaron a un nivel tecnológico similar al actual, gracias a la alquimia. En algun momento los habitantes de Mu se dispersarían por el hundimiento de su patria y, al tener que adaptarse a nuevos lugares no civilizados, su nivel acabó decayendo pero manteniendo sus creencias originales y algo de su conocimiento. Investigaciones sobre tectónica han probado que la existencia de Mu fue imposible, como es obvio.

Con el tiempo, el concepto de la Atlántida platónica y el de la Mu alquímica se han mezclado en el pensamiento popular, dotando a la Atlántida conocimientos y tecnología superiores a los nuestros durante su tiempo de supuesta existencia, y considerándola cuna de todas las civilizaciones pero manteniendo el ideal clásico. Un ejemplo de esto es la película Atlantis, de la factoría Disney.

Lo mismo pasa en Golden Sun, donde se han mezclado los tres continentes perdidos resultando en la Lemuria weyardiana. Así mismo, el cuento de Mu sirve de inspiración también al génesis de los Adeptos tras la caída y dispersión de los Jenei.

Aunque con menor influencia de estas historias, en Golden Sun se nos presenta otra civilización de Jenei superviviente al Eclipse, la de los Anemos, igualada a Lemuria en tecnología y conocimiento alquímico. Aunque hablaré de ella no aquí, sino en uno de los apartados siguientes.

La inspiración solar – El Sol y la Escatología

Ya se ha explicado la importancia que tiene el Sol como símbolo en la alquimia: la perfección material y espiritual, e inspirador de la ciencia a sus adoradores. También se ha visto la que tiene en Golden Sun: tanto simbólica como en sus formas alquímicas, en el Sol Dorado, el Eclipse o su psinergía pura de la Lente de Apolo.

Curiosamente, sobre todo en los dos primeros juegos, al Sol se le asocia una temática escatológica. Esta palabra, que viene del griego éskhatos (“último“), hace referencia al estudio del último momento de la humanidad, tanto concerniente a la post-muerte o al fin de los días.

A bote pronto puede parecer plausible, ya que supuestamente el fin del mundo ocurrirá cuando el Sol se agote y explote, devorando sus planetas más cercanos -como la Tierra– a la vez. La famosa explosión de energía alquímica en Golden Sun, el Sol Dorado, es tratada de manera similar. Durante los dos primeros juegos se habla de la ocurrencia del Sol Dorado con temor, como si simbolizase el fin de Weyard. De dos formas, además: No solo se habla de la explosión de proporciones nucleares de la que tanto se ha comentado en este artículo, sino de sus connotaciones. El Sabio, el guardián de la alquimia, teme al Sol Dorado no por su capacidad destructiva, sino por sus consecuencias. La liberación de los cuatro elementos significaría la posibilidad de que la humanidad volviese a descubrir la alquimia, pecase de orgullo y se volviese a condenar intentando dominar el Sol (el Sol de verdad), posiblemente llevándose el planeta con ella si su pecado fuese extremadamente fuerte. Aquí de nuevo la escatología solar.

La manera de la que El Sabio habla a los protagonistas de los juegos del Sol Dorado y la alquimia liberada es totalmente terrorífica, y urgiéndoles a que eviten el encendido de los Faros a toda prisa, sin reparar en los daños que puedan sufrir. Tanto es su temor que hasta en el final del segundo juego él personalmente se enfrenta a ellos para evitar la liberación del último elemento.

Sin duda alguna el Sol Dorado implica el fin de Weyard, o al menos del Weyard conocido, debido a su transformación en el tercer juego, Oscuro Amanecer. Es en este juego también en el que se vuelve a liberar el Eclipse y los protagonistas han de volver a disparar la psinergía solar para destruir la zona de sombra alquímica. De nuevo, el Sol es presentado como un elemento escatológico, puesto que es el que finaliza todos los acontecimientos por su perfección elemental.

Tampoco hay que olvidar los lugares desde los que se levantan el Sol Dorado y la Lente de Apolo: el Monte Aleph y el Santuario de Apolo, que son dos lugares montañosos. El segundo es el pico más alto de la cordillera de Khiren, donde los Jenei construyeron un recinto para hospedar la Lente, que absorbe y canaliza la psinergía del Sol. Adecuadamente eligieron este sitio debido a la pureza de la luz solar que lo inunda, irresistible para los humanos sin protección.

En cuanto al primero, ya se ha mencionado que se trata del ónfalo de Weyard, de donde nace y va a morir el flujo elemental del planeta. En su ladera se erige el Templo Sonne (Sol Sanctum en inglés), que conecta con la caldera del volcán, donde se alojaron las Estrellas Elementales. Se trata de un nombre bastante acertado, tanto en connotaciones alquímicas como en escatológicas. Acorde con su importancia, el nombre Aleph proviene de la primera letra de los alfabetos semíticos, álef, de la que posteriormente se desarrollaría la palabra alfa. De ahí se puede deducir que el Monte Aleph es el comienzo del mundo.

Según el libro del Apocalipsis (o Revelación) de San Juan en el Nuevo Testamento la batalla final entre los ejércitos demoníacos y los de Dios, en el Último de los Días, se producirá en un lugar llamado Harmagedón. Este nombre, profundamente simbólico, viene del hebreo Har Megiddo, o Monte Megido. Megido es un paraje en Israel que posee las ruinas de una ciudad de la época cristiana y en el cual, según la tradición, se liberaron innumerables batallas, por lo que su elección para el texto de San Juan es obvia. Ambos lugares asociados con el Sol y la escatología en Golden Sun son montañas, y al menos una de ella se asocia con un motivo semítico.

Por último quiero mencionar la Espada Sonne (en inglés Sol Blade) que aparece en el segundo y el tercer juego. Se trata del arma más poderosa no forjable que se puede conseguir, y acertadamente posee un nombre atribuido al Sol. Se consigue siempre en la última mazmorra de los juegos (el Faro de Marte y el Santuario de Apolo), y su importancia aumenta en el tercero, ya que es la llave para abrir las puertas que llevan a la Lente, siguiendo la temática solar.

El ataque especial de la Espada Sonne, cuando está llena de energía, se llama El Megido. En él, la espada lanza un orbe de psinergía del propio Sol al enemigo. Es único ataque de toda la saga relacionado con la alquimia solar. Creo que no hay más que añadir sobre este asunto.

La inspiración solar – La Luna y la Deshumanización

Al igual que al Sol se le asocia con una idea en Golden Sun, la Luna tiene también ciertas connotaciones en el mundo de Weyard. Sin embargo, las influencia de la Luna en la alquimia weyardiana es reducida, y apenas juega un rol relevante en el trasfondo de los juegos. Simplemente se limita a aportar unos pocos detalles para enriquecer la trama, pero hay que interpretarlos para comprenderlos en toda su extensión.

En la tradición alquímica, la Luna se consideró como el astro complementario al Sol. Así, se le asoció la plata como metal. La plata, aunque menos codiciada, también era uno de los objetivos de los alquimistas, debido a que la consideraban como el metal inmediatamente inferior al oro: casi perfecta, pero aún sin llegar a la total estabilidad elemental. Algunos catalizadores previos a la Piedra Filosofal tenían la capacidad de transmutación de metales innobles en plata, según se cuenta.

Igualmente, en Golden Sun se presenta a la Luna como complementaria al Sol. En el corazón del Templo Sonne del primer juego existen dos salas: una dedicada a Sonne, el elemento alquímico del Sol weyardiano, y otra dedicada a Mond, el elemento alquímico de la Luna weyardiana. Los dos elementos que intentaron dominar los Jenei justo antes del Eclipse. Un puzle reflejando la luz solar y el aurora lunar hace que el corazón del templo se conecte con la caldera del Aleph y se puedan visitar las Estrellas Elementales.

Sin embargo, esta es la única ocasión de los juegos en los que el elemento lunar es retratado como amigable. Durante el resto de la saga se le identifica como una alquimia destructora y enloquecedora, muy oscura, capaz de borrar la vida de la tierra y de hacer desparecer la humanidad en la gente.

El paradigma de esto es el Eclipse. Antes se definió este fenómeno como una zona de sombra alquímica que bloqueaba los cuatro elementos telúricos. No es una definición completa. Se originó por la radiación de elemento Mond proveniente del Faro de la Luna o Faro del Eclipse, tras haber sido acumulado por los Jenei para sus experimentos. Probablemente pensarían que si los Faros Elementales facilitaban el manejo de Venus, Marte, Júpiter y Mercurio, el sistema también funcionaría con Mond. Claramente se equivocaban. Un elemento no telúrico y casi perfecto, como el del Sol, es demasiado para un humano corriente.

El Eclipse, tal y como enseña el tercer juego, no solo bloquea los cuatro elementos weyardianos, sino que también influencia e irradia a todo ser vivo que se encuentre bajo su dominio. De esa manera pudieron enloquecer los Jenei y Exathi y matarse los unos a los otros, y explica el pánico en la gente tras la activación del Faro. Además, se ve que altera el estado de la tierra, congelando mares y pervirtiendo bosques; y ennegrece el corazón de las criaturas, que se convierten en engendros caóticos como los habitantes de Tuaparang.

El aspecto de deshumanización debido a la Luna se trata también de otra manera en Golden Sun, en forma de los hombres bestia. En este caso no se trata debido a la alquimia, sino al propio cuerpo celeste. En el continente de Osenia se erige la aldea de Garoh, habitada por gente que cuando cae la noche y la Luna les ilumina se transforma y toma una apariencia lobuna. Así mismo, el país de Morgal, bajo cuyo suelo se esconden las ruinas del Faro del Eclipse, está habitado por una especie de animales antropomorfos, regidos por los miembros del clan Colmillo.

Es una tradición muy extendida la de los humanos que se transforman en bestias cuando cae la noche. El cuento más conocido en occidente es el del licántropo u hombre lobo, aunque en muchas más culturas existen leyendas similares. Mayormente se tratan de explicaciones literarias a ataques relacionados con enfermedades como la rabia, algún tipo de histeria o locura violenta, los efectos de algún tipo de hongos o drogas en el comportamiento humano, o posiblemente se traten de historias inventadas alrededor de los instintos y pulsiones animales que se intentan reprimir en la civilización y acaban aflorando en algún momento.

Además, se conoce bastante bien la influencia de la Luna sobre la Tierra. Además de ser la responsable de las mareas y la base de los calendarios y los ciclos vitales de varias especies, se relata que también afecta a la mentalidad de la gente, como a la violencia o a los excesos. Claramente no está probado, pero es algo bastante extendido y asimilado por mucha gente, y sirva de base también para las historias de hombres lobo. Y esta “deshumanización” que provoca la Luna es la simbolizada en Golden Sun.

En el trasfondo de esta saga existe además un detalle relacionado con estos asuntos. Antes hablé sobre una civilización de Jenei que no sucumbieron al Eclipse, los Anemos. La palabra griega anemos significa “viento”, y consecuentemente se retrata a los Anemos como unos alquimistas expertos en el elemento Júpiter que, recordemos, simboliza la alquimia del aire. Este pueblo, originalmente del continente de Atteka, llegó a tal dominio de su elemento favorito que consiguió arrancar su ciudad de la superficie de Weyard y suspenderla en el cielo, de manera que el Eclipse no les afectó. Algunos personajes de los juegos dicen que la Luna de Weyard no es más que la parte de debajo de su ciudad vista desde la superficie del planeta.

Lo gracioso del asunto es que los hombres lobo de Garoh llegan a su máxima transformación las noches de luna llena, es decir, cuando toda la ciudad de los Anemos se puede ver. Además, el pueblo de Garoh está construido en las cercanías de la Roca del Aire, una fuente natural de psinergía de Júpiter. Es muy posible que los habitantes estén tan influidos por ese elemento que, cuando les llega una influencia similar, el efecto sobre su organismo se refuerza y acaban por transformarse. Se justifica entonces mediante el trasfondo alquímico de Weyard la deshumanización que provoca la Luna: de una manera amigable cuando se trata de un elemento telúrico, soportable por los humanos, y de una forma destructiva cuando el responsable es un elemento superior en perfección, que no se puede asimilar.

La inspiración solar – Dioses y Héroes

Por último, antes de comentar las influencias de Golden Sun en sus jugadores, quiero comentar la última fuente de inspiración del trasfondo y mecánicas de estos juegos: el préstamo de personajes e historias mitológicos para su inclusión en la saga.

Al modo de otros RPGs japoneses de la vieja escuela, Golden Sun incorpora una mecánica de invocación en sus combates para lanzar ataques (generalmente) más potentes, con efectos determinados y que afecten a todo el grupo de enemigos, por numeroso que sea. Tal y como se mencionó en el primer artículo, al tener un número determinado de Djinns de elemento determinado en estado preparado, se puede lanzar una invocación de las que se disponga y que cumpla con el número y elemento de los Djinns preparados. Al comenzar una se llama a un personaje, supuestamente divino, para que ayude al grupo protagonista atacando a los enemigos a su modo.

El quid de la cuestión es que, al tratarse de una mecánica de combate, no hay mucho explicado alrededor de las invocaciones. Sabemos que son personajes (semi)divinos y que acuden a la llamada de cualquier persona digna de clamarlos (aka con los Djinns suficientes), debido a que tanto los protagonistas como determinados enemigos  (Balrog o Dulahan) son capaces de ello. También se sabe que mientras que las invocaciones monoelementales acuden a la llamada solamente cumpliendo el requisito de los Djinns, las invocaciones bielementales necesitan además que su llamador haya encontrado sus lápidas. Una vez encontradas y leídas por los protagonistas, éstas desaparecen.

Obviando que son puras mecánicas de combate desbloqueables, esto puede tener varias lecturas en el trasfondo.

Recordemos que en el primer apartado de este artículo se mencionó la relación de la alquimia con el misticismo y la divinidad. La alquimia no se practicaba para la divinidad, a pesar de la divinidad o para refutar la divinidad, sino en conjunto con la divinidad. La elevación del espíritu, la comprensión del universo, no ponían al alquimista a nivel de Dios, sino que le acercaban a Él para sentirse parte suya. De varios hombres de la iglesia se dice que, complementando a sus estudios teológicos y filosóficos, también estudiaron la alquimia (aunque en realidad se dedicaron a la filosofía natural), como San Alberto Magno (el patrón de los químicos), Ramon Llull o Roger Bacon. Y ni que decir hay que los alquimistas del antiguo Egipto, Sumer o Grecia consideraban sus estudios alquímicos inspirados por deidades como Ra o Hermes Trimegisto (de este último deriva el nombre arte hermético).

De la misma manera, la aparición de las invocaciones como seres divinos, asociados a los flujos y espíritus alquímicos de Weyard e inspiradores de sus llamadores puede deberse atribuida a una especie de culto a los elementos que pudiera haber ocasionado la eclosión de la alquimia en los Jenei y Exathi.

La aparición desigual de las invocaciones a medida que avanzan los juegos o bien puede deberse a que, comolos Adeptos de Weyard son de un solo elemento, éstos solo rendirían culto a las divinidades monoelementales (y, por eso estas acudirían más fácilmente a la llamada), siendo las bielementales “renegadas” o consideradas peligrosas o antinaturales en cierta forma (y por eso solo ayudan a los que reconocen su existencia, y explicaría por qué la mayoría de lápidas están en lugares ocultos y cavernosos); o bien puede deberse a que las invocaciones bielementales estén muertas, lo que explicaría la existencia de las lápidas, y sus lugares de reposo serían del estilo de santuarios o panteones. Las razones de su supuesta “muerte” no estarían explicadas. Otra teoría plausible es que las bielementales estén selladas y encerradas desde los tiempos de los Jenei, también por considerarlas antinaturales, y se liberasen al leer sus lápidas (lo que explicaría por qué solamente se pueden llamar tras encontrarlas aunque se cumplan los requisitos de los Djinns, y por qué algunas estan protegidas por feroces guardianes). Otras razones solo se pueden conjeturar.

La segregación entre las invocaciones monoelementales y sus compañeras olvidadas/encerradas/difuntas hace referencia a las antiguas luchas entre culturas. La cultura dominante imponía sus dioses sobre la subyugada, haciendo que los de los vencidos fuesen prohibidos, y por eso reverenciados en lugares ocultos, paulatinamente olvidados y finalmente perdidos, hasta que gracias a restos arqueológicos se pueden volver a descubrir. Esto podría relacionarse con el auge de los Jenei, de un solo elemento, que verían posibles deidades “mixtas” como algo opuesto a su civilización y las condenarían al encierro o muerte.

Las invocaciones, tanto las monoelementales como las bielementales, toman sus nombres de personajes de varias mitologías antiguas, desde la Azteca hasta la Sumeria, pasando por la Grecorromana, la Egipcia, la Nórdica y la Japonesa. Si bien sus efectos en combate y aspectos pueden estar relacionados con los personajes originales, Golden Sun los reintepreta para darles un aire único y apoderárselos a su propio modo. Ejemplos de esto pueden ser Cibeles (que en vez de una diosa de la tierra nos muestra a una personificación bestial de la naturaleza), Boreal (que en vez de un viento helado presenta a una máquina que exhala hielo sobre el enemigo) o Ulises (en vez de un héroe o un marino muestra a un hechicero cartógrafo). Así mismo, las invocaciones básicas de Venus, Marte, Mercurio y Júpiter no corresponden a sus respectivos homólogos de la mitología romana, sino a personificaciones en forma de Djinn de los cuatro elementos alquímicos de Weyard (mirar apartado dedicado a la Alquimia).

Incluso las invocaciones de Catástrofe, Meteorito o Eclipse, que a primera vista no parecen pertenecer a una mitología concreta, sí que explotan miedos y creencias de culturas antiguas. Meteorito hace referencia al temor de la Ira de los Cielos, en la que supuestamente la bóveda celeste se desplomaría sobre el mundo, Eclipse a las creencias de algunas culturas de que los eclipses los provocaban bestias inmensas que tapaban el sol o directamente se lo comían (de ahí el enorme dragón “cuyas alas abarcan los cielos” de la invocación), y Catástrofe al castigo de Dios ante una humanidad corrupta. Mientras que la invocación monoelemental Juicio Final muestra a un paladín con atributos angélicos (alas blancas, cabeza de león, armadura dorada) que purga la Tierra, la invocación bielemental de Catástrofe presenta una demonización de Juicio Final, con atributos de dragones y diablos, que lanza una nube oscura y dragontina a arrasar el mundo.

Adicionalmente, en Oscuro Amanecer, se obtiene la invocación del Dragón de Cristal en la lámpara de la Ópera de Belinski. Esta es una invocación bielemental especial ya que no representa ninguna figura mitológica, sino que referencia al anuncio televisivo de publicidad del primer Golden Sun (arriba).

El hecho de que las invocaciones estén íntimamente relacionadas con los Djinns es indicativo de su condición divina. Si ya dejamos claro que los Djinns son los espíritus telúricos, la encarnación de las energías alquímicas que emana Weyard, las invocaciones, al ser maestras de los Djinns, son maestras sobre Weyard, y se encuentran más allá del plano alquímico de Golden Sun. Así, se confirma su condición de divinidad, y su aparición en combate como la inspiración de los protagonistas, alquimistas por méritos hereditarios.

La inspiración solar – La influencia del Sol Dorado

Antes de terminar el artículo, me gustaría comentar una última cosa, ya no relacionada con las fuentes de inspiración para la construcción temática de estos juegos, sino con justamente lo contrario.

Llevo años preguntándome una cosa: ¿Por qué precisamente Golden Sun? ¿Por qué no cualquier otra franquicia de videojuegos? ¿Por qué ha sido Golden Sun precisamente la saga de juegos que más hondo me ha calado?

Solo tenéis que ver esta serie de artículos que he hecho para OMR: larguísimos, llenos de información, teorías, comentarios y referencias. Sí, Golden Sun da para todo esto. Golden Sun, aparte de ser un fabuloso ejemplo de RPG japonés tradicional, es una serie de juegos que está bien hecha. Como he ido explicando pacientemente a lo largo de estos textos, coge una historia de bases simples y acorde con la fantasía típica de los RPGs tradicionales, unos personajes memorables y lo entreteje con un trasfondo y un universo elaborados milimétricamente, con un nivel de detalle asombroso. Son unos juegos que beben de una gran cantidad de fuentes reales, y consiguen mezclar sus aguas tan diestramente que de verdad que nos muestran un resultado que parece único. Tanto en estilo narrativo como en caracterización de personajes, presentación del mundo y mecánicas de juego (mezclando la tradición con mecánicas únicas que no he vuelto a ver en ningún otro sitio).

No soy el único que ha quedado embelesado jugando a estos juegos. Desde que los jugué he ido conociendo a bastante más gente que es de mi misma opinión. Supongo que es el efecto de hacer algo bien, con esmero y gusto, e intentar transmitírselo a los jugadores.

Así que, si alguien de los lectores no ha jugado los juegos y le han entrado ganas de hacerlo, le recomiendo encarecidamente que lo haga. Incluso el tercero, que no os amedrenten las críticas. Uno nunca sabe si algo le va a gustar o no hasta que lo hace. Y si sois como yo, que los juegos os entran por la vista y el oído, y os gusta más explorar mundos, disfrutar con el nivel de detalle y la estética de una historia y universo y escuchar una buena banda sonora que encontrar un reto difícil, os aseguro que os encantará.

Está claro que Golden Sun ha resultado en una influencia muy positiva para el mundo del RPG, y bastantes jugadores los consideran sus juegos de cabecera. Ya solo resta que Camelot desarrolle un cuarto que termine la historia de Oscuro Amanecer. Este 2017 harán siete años que salió. Justo el mismo período de tiempo entre el segundo y el tercero. Espero que sea una señal y que en breves pueda ofreceros una review de un hipotético cuarto Golden Sun.

Aquí termina el monográfico sobre El Legado de Golden Sun. Muy sinceramente os agradezco vuestra lectura y espero que hayáis disfrutado muchísimo con ella.

Notas:

2 thoughts on “El legado de Golden Sun – Parte III: La inspiración solar

Emilio EMJ el 8 Febrero, 2017 a las 22:58 dice:

Los dos anteriores artículos han sido maravillosos, pero este sobrepasa todas las expectativas. El trabajo que te has dado recopilando toda esa información no es baladí, y ya no hablo de sólo la información real, sino también a la forma en la que la relacionas con el universo de esta maravillosa saga, haciendo que además, sea ameno y comprensible.

Se nota que te apasiona este universo, porque lo has desgranado a niveles que dudo que hayan llegado los propios empleados de Camelot. Lo peor del artículo, sinceramente, es que sea el último, porque pese a que había leído los otros dos cuando los publicaste, he releido el “pack” completo para la ocasión y he disfrutado como un enano. Has provocado en mí unas ganas locas de pasarme la saga de nuevo por enésima vez, incluso la tercera entrega, que sin parecerme un mal JRPG, no me parece que esté al nivel de las dos primeras, tanto por lo corta que es, como por ciertas incongruencias que a mi modo de ver tiene con las dos anteriores a nivel de historia, amén de unos protagonistas con infinito menos carisma que los Guerreros de Tale, si se me permite decirlo.

Lo dicho, muchas felicidades por este currazo sobre la que es mi saga favorita de videojuegos de toda la historia, y sobre todo, espero ver más artículos tuyos sobre ella 🙂

    Elzhevir
    Elzhevir el 13 Febrero, 2017 a las 13:12 dice:

    ¡Muchísimas gracias! Son reacciones como la tuya lo que me hace seguir adelante con estos textos, de verdad. Yo, simplemente, escribo lo que a mí me gustaría leer en otros sitios, aunque apenas se dé el caso. Me alegra muchísimo ver que hay gente igual y que sabe apreciar el esfuerzo y el cariño, y sobre todo que le gusten este tipo de cosas. Todo os lo debo a vosotros. ^^

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