[Cultura] Murasaki Shikibu: Mil años de literatura



OMR Madrid - 4/10/2014 16:46 h

Este año se cumple el milenio de la muerte de la figura cultural más importante de la historia japonesa, Murasaki Shikibu. Desde OMR hemos querido rendirle homenaje a esta dama tan especial. Soy Elzhevir, y quiero presentaros a probablemente una de las mujeres más influyentes y reconocidas de todos los tiempos.

Estoy seguro que muchos de los lectores ahora mismo se estarán preguntando quién narices es Murasaki Shikibu y por qué el autor la ensalza tanto. En pocas palabras, Murasaki era una de las muchas damas de compañía que asistían a la emperatriz Shoshi a finales del siglo X y principios del XI, en los años de esplendor del período Heian (años 794 – 1185).

Esta época histórica es considerada el “tiempo dorado” de la historia japonesa, caracterizado por el florecimiento de las artes nobles en la corte de Heian-Kyo (el actual Kioto), las corrientes e influencias venidas del continente (sobre todo de China y la India, cuyas civilizaciones abrumaban a los japoneses) y el apogeo del poder de la nobleza en el archipiélago, notorio sobre todo en el poderoso clan Fujiwara, cuya importancia superaba incluso a la del emperador.

Pero lo que destaca sobre todo lo demás, lo que se le viene a la cabeza a cualquier erudito en la historia del país oriental al escuchar la palabra Heian, es la belleza. Una belleza siempre presente en la vida de los cortesanos, hidalgos y príncipes de Heian-Kyo, preocupados por corresponderla y hacerle justicia con sus maneras y vestimentas; una belleza sobria procedente de la sensibilidad hacia la naturaleza y los nuevos pensamientos budistas; una belleza que impregna todos y cada uno de los versos de la literatura japonesa que empieza a surgir tímidamente de la mente de monjes y cortesanas.

Y esta última belleza es precisamente la que caracteriza a nuestra protagonista de hoy. Murasaki Shikibu (del japonés: Dama de Lavanda, a veces llamada Dama Murasaki) fue una mujer de una inteligencia despierta, irónica y mordaz que supo aprovechar el zeitgeist de su tiempo y legó al mundo una de las obras escritas más importantes y hermosas de toda la historia. Pionera del género nikki, del cual hablaré más adelante, y poetisa de indudable talento, esta cortesana sobresalió y se hizo oír desde el silencioso y retraído mundo de la mujer japonesa y, con el paso del tiempo, se ganó un lugar entre los maestros de la literatura universal.

Heian-jingu (Kioto), complejo decimonónico construido al estilo de Heian-Kyo

Hasta poco antes de su nacimiento, la única literatura que existía en el Japón clásico era la que venía de China en forma de poemas como los de Po Chu-I o cuentos tradicionales de la misma procedencia, además de los textos sagrados budistas o sutras de la India, previamente adaptados por los chinos o los monjes japoneses de la corriente amidista. Tales obras sólo se podían leer en chino, un idioma que todos los nobles varones y funcionarios del imperio tenían que conocer perfectamente, algo así como el latín en Europa. Fue a principios del período Heian (siglos IX y X) cuando empezaron a surgir obras escritas (en chino, eso sí) por japoneses, de las cuales las más conocidas son las antologías poéticas Kokinshu.

Desde entonces, se puso de moda que los miembros de la nobleza improvisasen pequeños poemas para enviárselos en forma de carta a sus amigos, familiares o amantes. En cierta manera, al estar el chino vinculado a un ambiente estrictamente masculino, las mujeres comenzaron a escribir sus poesías íntimas en su propia lengua, el japonés, más sencillo que el que usaban sus coetáneos para cuestiones oficiales. De ahí surgió que algunas cortesanas empezasen a relatar, siempre desde un punto de vista poético, sus experiencias en la vida palaciega en forma de diarios (en japonés nikki).

Y aquí es donde empieza a cobrar importancia Murasaki. Al ser hija de un hidalgo Fujiwara emparentado con los ministros de Heian-Kyo, pudo disfrutar de una educación excelente, en la que mostró una mente rápida e inquieta. Su padre incluso contaba que cuando su hermano menor se atascaba en los estudios de chino, tenía que venir Murasaki a ayudarle, a pesar de no permitírsele hablar el idoma del continente. Tales actos provocaban murmullos de desaprobación entre las mujeres y sirvientas de la familia, por lo que la futura poetisa tuvo que aprender a esconder sus conocimientos.

El poderoso canciller y gobernante de facto del imperio por aquellos tiempos, Fujiwara no Michinaga, colocó a Murasaki entre el cortejo de su sobrina, la joven emperatriz Shoshi (cuyo nombre real era Akiko), segunda esposa del emperador Ichijô. En ese ambiente palaciego fue donde Murasaki descubrió tanto el reconocimiento y el cariño de algunos como la envidia, las malas lenguas, la crítica y el escarnio por parte de otros muchos. De carácter comedido, tímido y a veces huraño y ácido, la cortesana decidió volcar todos sus sentimientos y pensamientos en sus poemas y cuentos. Fue  ahí donde escribió sus dos obras más conocidas, La historia de Genji (Genji monogatari) y el Diario de Murasaki Shikibu (Murasaki Shikibu nikki), obras cumbre de la literatura japonesa, y cientos de poemas, de los cuales muchos se conservan entre los más importantes del País del Amanecer.

Grabado de 1795 que representa una tertulia poética. Entre los dialogantes figura Murasaki como la única mujer.

A pesar de sus intentos de evitar destacar entre el resto de las damas de honor, su talento y la belleza de sus escritos fueron reconocidos por muchos integrantes de la corte Heian; entre ellos el propio Michinaga, que le reservaba mucho cariño (como revelan los flirteos entre ambos), la emperatriz Shoshi, algunas de sus compañeras, su hija con el hidalgo Fujiwara no Nobutaka (como veis, la red Fujiwara se extendía por todos los rincones) e incluso su rival Sei Shônagon, cortesana de la primera emperatriz Teishi, a pesar del odio que se tenían ambas. Tanto Michinaga como los emperadores la reclamaban para leer con ella o que les aconsejase sobre libros, estética o técnicas de encuadernación, por lo que la envidia y las malas lenguas hacia Murasaki crecieron aún más.

Tal ambiente hizo que la poetisa desarrollase un carácter aún más introvertido, reservado, huraño, melacólico y pesimista, muy presente y reflejado en sus obras literarias, hasta tal punto que llegó a hablar sólo con algunas de sus amigas de la corte y se retiró a una vida contemplativa; observó como mera espectadora y no participante la vida activa a su alrededor, para posteriormente describirla en su diario (algo que corresponde a los pensamientos budistas de la época). También fantaseó con tomar los hábitos, aunque hoy en día no sabemos si llegó a hacerlo.

“Hermosa pero tímida, poco amiga de miradas ajenas, retraída, amante de las viejas historias, tan aficionada a la poesía que casi todo lo demás no cuenta para ella, y desdeñosa del mundo entero”, he aquí la opinión desagradable que la gente tiene de mí. Y, sin embargo, cuando me conocen me consideran dulce y muy distinta de lo que les han hecho creer. Sé que la gente me tiene por una especie de proscrita, pero me he acostumbrado a ello y me repito para mis adentros: “soy como soy”.

Así se describe Murasaki en los últimos pasajes de su diario. Como se puede ver, su escrito está lleno de amargura y resignación.

Se supone que Murasaki Shikibu falleció en algún momento del año 1014. Otras fuentes insisten en que la su muerte data del año 1025, pero he preferido respetar la primera fecha para poder introduciros a la obra de esta mujer sin igual, lamentablemente casi desconocida en Occidente.

Monumento dedicado a Murasaki Shikibu en Uji, cerca de Kioto

Su diario, como el de muchas otras cortesanas del período Heian, es parte intrínseca de un género literario típicamente japonés y femenino, el género nikki. Influenciadas por el Kokinshu y los poemas cortesanos, las diaristas retrataban no las peripecias de su día a día, sino las sensaciones que les producían los distintos eventos palaciegos, sus interacciones con sus compañeras, la familia imperial o los funcionarios y soldados o simplemente algún paisaje o momento que fuese especial para ellas. Salpicados con pequeñas poesías, los nikki están plagados de descripciones de la naturaleza, de las vestimentas de la gente, de fiestas, de personalidades o de sus propios sentimientos que rezuman sensualidad, belleza y melancolía.

Pese a que hoy en día relacionamos el concepto de “diario” con un ámbito privado e intimista (aunque la atmósfera en la que fueron escritos era indudablemente de esas características), los nikki cortesanos siempre acababan siendo compartidos con el círculo de las amistades de la autora en cuestión o con personas interesadas. De ahí puede surgir el hecho de que a pesar de los intentos de Murasaki de no llamar la atención la corte siempre tenía algo que decir de ella.

Abanico del XVII que representa a Murasaki escribiendo

Entre los nikki conservados hasta la fecha podemos encontrar ejemplos tan variopintos que hoy en día habría que englobar cada uno de ellos en un género literario distinto: Desde diarios prosaicos con tintes épicos hasta poemas que representan una historia de amor trágico, pasando por el género epistolar o costumbrista (dependiendo del carácter y la vida de la poetisa). Concretamente en el de Murasaki Shikibu aparecen reflejados dos conceptos surgidos de su peculiar visión del mundo, el realismo y el confesionalismo.

Dado su carácter solitario y ácido, Murasaki reduce sus experiencias como dama de honor (como el nacimiento del hijo de la emperatriz o la fiesta del día de año nuevo) a una serie de narraciones en la que lo trivial está al orden del día, quitándole importancia a la prosperidad que le rodeaba para dársela al evento que relataba, olvidando las atracciones y delicias de la vida en la corte. Prefería opinar sobre los trajes y comportamientos de la gente antes que describir con objetividad la vida cortesana. Combinando este tipo de pasajes con pequeñas confesiones sobre sí misma, llenos de melancolía y preocupación, y alguna que otra carta para algún amigo, tenemos delante el diario de Murasaki Shikibu.

Murasaki no describía LA realidad, relataba SU realidad, lo que ella consideraba importante, siempre bajo su punto de vista introvertido e irónico pero no extento de belleza y lírica.

Paradójicamente, la religión que practicaba la corte Heian (el amidismo, corriente del budismo), con claras bases sintoístas, infuenció el Japón de tal forma que el mundo no se veía como la contraposición de sujeto y objeto; el concepto filosófico del “yo” carecía de importancia para los amidistas. Entonces, ¿cómo es que floreció el género claramente subjetivo de los nikki? Podemos hablar sobre la “tentación de lo prohibido“, como es el caso de la corriente ateísta que surgió en Occidente a finales del siglo XIX en contraposición a la profunda influencia cristíana anterior, podemos especular sobre el espíritu transgresor de las diaristas respecto a sus creencias filosóficas. Pero una cosa está clara: Murasaki y sus compañeras poetisas eran capaces de verse a sí mismas como partícipes del mundo en el que vivían pero, no obstante, también como observadoras (como dictan los textos budistas) del mismo, lo que les permitió “verse desde fuera” y describir sus sensaciones subjetivas como si fuese algo universal.

Es importante que los lectores sepan que los nikki no son los únicos textos prosaicos que se han conservado del período Heian. Como he contado al principio del artículo, además de los poemas y sutras se podían encontrar cuentos tradicionales venidos de China. A raíz de ello se empezaron a escribir los tradicionales cuentos de hadas japoneses, hasta entonces de tradición oral. Combinando estos últimos con las antologías poéticas Kokinshu empiezan a surgir las primeras obras épicas enteramente niponas (monogatari), entre ellas la primera El cuento del cortador de bambú (Taketori monogatari), los archiconocidos Cuentos de Ise (Ise monogatari) o el posterior Cantar de Heiké (Heike monogatari), del período Kamakura (1185–1333).

Aunque indudablemente la más conocida es La historia de Genji (Genji monogatari), considerada obra maestra de la literatura japonesa, escrita (cómo no) por nuestra protagonista de hoy, Murasaki Shikibu. Posiblemente influenciada por la prematura muerte de su marido, la cortesana empezó a escribir el Genji en los años posteriores al 1000, con el carácter ya forjado en la melancolía, la acidez y el intimismo. De corte realista, el Genji cuenta desde sus casi 2000 páginas la historia de la vida de Genji, el Príncipe Resplandeciente (Hikaru Genji), hijo del emperador y su esposa favorita, la dama Kiritsubo, de su educación sentimental, de su familia, del declive de su vida y, posteriormente, de sus hijos Niou y Kaoru, que se disputan el amor de la hermosa Ukifune.

Dicen los expertos que el Genji es un vivo retrato y una dura crítica a la sociedad Heian, debido al estado de hastío de la corte del que Murasaki hacía alarde por aquella época. Al igual que en los tiempos más turbios de la antigua Roma, la corte del emperador Ichijô disfrutaba enormemente de los excesos y de los placeres terrenales, como el alcohol, la música y el sexo, y cualquier ocasión era buena para celebrar una fiesta desenfrenada. Detrás de aquella vida epicúrea se escondía un imperio asolado por plagas, incendios y hambrunas casi constantes, por lo que la tan conocida belleza del período Heian se reserva tan solo a las artes nobles, las vestimentas, los comportamientos refinados, las ceremonias oficiales y la educación de la nobleza.

Dado el carácter recto de Murasaki, es plausible que quisiese esconder una crítica subyacente de su entorno en su obra maestra. Dentro del Genji podemos observar escenas de dudosa moral protagonizadas por varios de los personajes de la obra: adulterios, borracheras, palizas, confabulaciones, escarnios y artimañas se mezclan con la poesía, las descripciones etéreas, la estética, la sensualidad y la belleza de la prosa Heian, y siempre bajo el punto de vista irónico, mordaz y melancólico de la autora. Está claro que el carácter de un escritor siempre caracteriza sus escritos.

Ilustración para el diario de Murasaki que representa funcionarios en actitud lasciva, flirteando con damas de la corte

Como punto a destacar, existe un detalle dentro de La historia de Genji que es insólito dentro del mundo de la cortesana. Hay un personaje que representa la pureza, el amor verdadero, el positivismo, la esperanza y que es el clavo ardiendo al que se agarra el protagonista durante su declive: su esposa favorita, un personaje llamado como la autora; Murasaki.

Se desconoce si dicho personaje es una proyección de la escritora dentro de un mundo en ruinas: Murasaki siempre se consideró grande, por lo que el personaje con su nombre es el único que no hace gala de ningún defecto. Tampoco se sabe si la Murasaki del Genji es una visión idealizada de la escritora, una persona que siempre quiso llegar a ser pero no pudo; o si simplemente se trata de una egoísta búsqueda de atención. Sea cual fuese la razón, es más que notorio que la poetisa imprimió un cariño especial hacia su versión ficticia, que la cuidó como si de su niña interior se tratase.

Dejando de lado las especulaciones, es indudable que La historia de Genji es una obra maestra, que goza de un trasfondo rico y variado, y que es el mejor ejemplo del florecimiento de la literatura japonesa.

Lamentablemente, Murasaki Shikibu es una figura cultural casi desconocida en Occidente, solo dada tímidamente a conocer por la intelectual Amy Lowell (hoy en día casi olvidada también) en el siglo pasado. Aún así, ha habido varios literatos que han caído bajo los encantos de la cortesana Heian, como el escritor meiji Junichirô Tanizaki, Jorge Luis Borges, el político Kenchô Suematsu o los traductores más conocidos del Genji Arthur Waley y Royall Tyler.

No obstante, en su propio país siempre se ha tenido su obra en cuenta. Testimonio lo pueden dar las numerosas adaptaciones en teatro, fílmicas, en manga y en anime (algunas más flexibles que otras) del Genji (incluso se compuso una ópera), sus obras son estudiadas en los institutos como en el caso del Cantar de Mío Cid o el Quijote aquí en España y sus poemas son leídos y citados por una cantidad considerable de gente versada.

Autómata con aspecto de Murasaki Shikibu que recita fragmentos de La historia de Genji

En conclusión, desde OMR creemos que una personalidad tan fascinante, exótica y artística como Murasaki Shikibu es merecedora de un homenaje (y mucho más) por el milenario de su muerte. No solo tiene mérito su obra literaria: muchísimo más tiene que una mujer como ella proveniente de un ambiente discriminatorio como fue el Japón clásico haya trascendido como la figura cultural más importante de su país y haya sido reverenciada por tantos japoneses a lo largo de la historia. Al fin y al cabo, ha sido equiparada con William Shakespeare, Stendhal y Lev Tolstoy como la escritora más importante de todos los tiempos.

Bibliografía:

  • Varios autores: Diarios de Damas de la corte Heian, ISBN 9788423339716, Editorial Destino
  • Shikibu, Murasaki: La novela de Genji I: Esplendor, ISBN 9788423340118, Editorial Destino
  • Shikibu, Murasaki: La novela de Genji II: Catástrofe, ISBN 9788423341221, Editorial Destino

One thought on “[Cultura] Murasaki Shikibu: Mil años de literatura

Hunicornio con tricornio el 11 mayo, 2017 a las 15:09 dice:

Muy interesante, la verdad. Me ha gustado leer esto.

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