2017: Animes con diferencia – Tsuki ga Kirei



OMR Madrid - 8/12/2017 17:22 h

Una actividad bastante común entre la gente nostálgica es, antes del fin de cada año, recapitular todos los logros y hechos notables acaecidos en su vida durante los doce meses anteriores. Como 2017 está acabando, he querido hacer algo parecido para esta web, a fin de conmemorar todos los buenos ratos que nos ha proporcionado el anime este año. Cada viernes de este mes publicaremos una reseña de uno de los animes más especiales de 2017. La única condición que éstos tienen que cumplir es que han de incorporar algo diferenciador, da igual en qué sentido, que los haga únicos e inolvidables para quien los vea. En otras palabras, que ofrezcan algo que merezca la pena ser recordado.

Tsuki ga Kirei – Un encanto que trasciende gustos

Temporada: Primavera 2017 | Estudio: feel.

Sinopsis: Según la sabiduría popular, en primavera además de la naturaleza florece el amor. Es primavera en la ciudad de Kawagoe, y con su llegada empieza el nuevo curso escolar. Akane Mizuno y Kotaro Azumi son por primera vez compañeros de clase al comenzar tercero de secundaria. Ella es miembro del club de atletismo, una corredora promesa y una estudiante modelo. Él es un aspirante a escritor y colabora con el festival del santuario de su barrio, por lo que dedica poco tiempo al colegio. Solo con el primer cruce de sus miradas ambos empiezan a sentir algo. Durante el resto del curso intentarán acercarse el uno a la otra y viceversa, vencer la timidez y ansiedad social, conocerse mejor, asumir sus nuevos sentimientos y disfrutar de la compañía mutua. La historia de Akane y Kotaro ha comenzado.

Según el escritor meiji Natsume Sôseki (1867 – 1916), la frase Tsuki ga kirei desu ne (“La Luna es bella”) puede traducirse de manera poética como “Te amo”. Otra muestra más de las peculiaridades semánticas del idioma japonés. Esta curiosa anécdota, recordada por Kotaro -el protagonista masculino de Tsuki ga Kirei-, al pedir una cita a Akane, es la que da nombre a este anime.

Tsuki ga Kirei narra un romance escolar, pero no es una historia más dentro del sector. Una vez empezada su visualización tampoco hay que esperar mucho para darse cuenta de ello. Aparte del mayor realismo del dibujo se nota que la manera de presentar a los personajes, el lenguaje audiovisual utilizado y el modo de contar la historia apelan más a un público acostumbrado al refinamiento narrativo-artístico que al espectador estándar de la animación japonesa. Así mismo, es un anime plenamente consciente de lo que es y quiere mostrar, y se respeta a sí mismo tanto como a su público objetivo.

Sin embargo, su calidad como obra audiovisual y la dignidad de su realización no son las razones por las que he querido reseñar Tsuki ga Kirei; si bien es cierto que las razones mencionadas son suficientes para tomarlo en consideración. He visto necesario escribir este texto debido a un fenómeno producido en la gente durante y tras su emisión que, al menos a mí, me ha sorprendido que ocurriese.

Tsuki ga Kirei, sin ser un shônen de los gordos, o un anime destinado al gran público, o una gran superproducción, y sin una pizca de fanservice a la vista, ha encandilado a todos los que lo han visto, sin importar sus gustos y sus géneros favoritos. Costará encontrar una crítica u opinión negativas al respecto de este anime. Ha sido una de esas rarísimas ocasiones en las que se ha producido una obra de animación realizada con tanta destreza, con tanto cariño, con tanto estilo, con tanta pasión y tanto cuidado que sus bondades son percibidas por todos los espectadores. Y esa aura de belleza -si se me permite la referencia al título-, esa belleza artística que emana y que unifica a la comunidad de amantes del anime en su favor, es justo el elemento clave de esta historia, el que hace que marque una diferencia respecto al resto.

Tras cavilar sobre el asunto, he llegado a la conclusión de que esta reacción en gran medida de lo posible se deba fundamentalmente a tres factores concretos: El writing de Tsuki ga Kirei, los personajes escogidos para la historia y la sensibilidad de su producción. A continuación veremos por qué.

Según la mayoría de opiniones que he leído, Tsuki ga Kirei le llega al alma a sus espectadores porque consigue una identificación. Las situaciones que viven Akane y Kotaro al intentar comprender el amor son parecidas a las que hemos vivido todos en nuestra adolescencia (sobre todo los tímidos), y hay quien dice que un golpe de recuerdos deja más marca que uno de novedades. Yo creo que es cierto, y los guionistas de este anime parece ser que también. Pues se ha preferido optar por una historia de amor en la que se puede saborear la realidad, sencilla y pura, en vez de intentar representar el más grande y magnífico de los romances.

Así, el writing de esta serie nos deleita con un argumento tranquilo en el que no existe drama forzado, puesto que lo importante es representar los pensamientos y sentimientos de dos quinceañeros bajo la influencia del primer amor. Es ésto, el intimismo y lo personal, lo que Tsuki ga Kirei considera digno de visibilizar. En consecuencia, tampoco teme a los controvertidos buenos finales (algo que de verdad me ha parecido muy apropiado) ni tampoco a retratar el valor personal atribuido a situaciones cotidianas. Por ejemplo, la tensión sentida al ver que se llega tarde a una cita, o el hecho de sentarse juntos en el metro.

Una de las mayores fuentes de encanto del writing es justamente la importancia atribuida a estos momentos. El cineasta Ernst Lubitsch solía decir que el secreto de un guion de éxito consiste en darle al público dos y dos y dejar que ellos hagan la suma, y es una fórmula que Tsuki ga Kirei cumple a rajatabla. El guion de este anime resalta mínima pero suficientemente las situaciones efímeras pero intensas en carga emocional del día a día de los protagonistas, como son las miradas, las dudas y los silencios -los silencios de este anime son maravillosamente elocuentes-. Estos momentos efímeros se muestran a primera vista objetivamente, pero gracias a cómo se presentan se percibe lo significativos que son para la historia de los protagonistas. Una captura de una sonrisa, un cambio de plano, una variación en la profundidad de campo de visión, una expresión facial, en definitiva, simples sugerencias bastan para convertir una situación cotidiana en un momento argumental o caracterizador decisivo.

Estos recursos del lenguaje audiovisual consiguen que el espectador comprenda que el instante representado es sustancial para los personajes que lo viven, e inmediatamente logra la vivencia de las mismas sensaciones al mismo tiempo. En consecuencia, la empatía e identificación que ya mencioné antes son naturales. Sin duda, el esmero y la profesionalidad de los guionistas de Tsuki ga Kirei es digna de admiración: consiguen llegar a lo más hondo con el manejo de la sencillez.

En pocas palabras, Tsuki ga Kirei escoge una historia de un primer amor convencional sabiendo y deseando mostrar que su belleza es universal, y retrata las actividades naturales y costumbres de la pareja involucrada dando a saber a la vez que cada una de ellas es lo más especial del mundo. Y hasta la más mundana y simple contribuye a que su historia prosiga, se enriquezca y fluya, y ulteriormente consigue la proyección de sus sentimientos en el espectador. Tal es el encanto del guion de este anime.

Así mismo, los personajes de Tsuki ga Kirei, como origen de la identificación mencionada, comparten la dignidad y el encanto inscritos en la historia. Son figuras de comportamiento y razonamiento realistas, que, incluso siendo personas muy jóvenes con todas las peculiaridades propias de su edad, aprenden a gestionar sus sentimientos y pensamientos con éxito. Es común que junto a las reacciones emocionales también reflexionen sobre lo que viven y se expresen. Esto último es realmente placentero de ver en esta serie, acostumbrado como está el género a argumentos llenos de malentendidos tontos. Gracias a este comportamiento no hay drama exagerado y se percibe un gran respeto hacia el espectador.

Akane y Kotaro, los protagonistas, son en principio dos jóvenes que no tienen mucho que ver. Como ambos son tímidos y se trata de su primer flechazo, son un manojo de nervios y dudan hasta de su sombra. Sin embargo, confían lo suficiente en el otro como para verbalizar lo que les ocurre y consiguen resolver problemas y conflictos sin mucha dificultad. Aun así, siguen los comportamientos típicos de la adolescencia, que se manifiestan en forma de guiños como los intentos de impresionar a alguien (intentando beber café en vez de cola, por ejemplo), consultar a personas mayores con más experiencia en la vida o intentar ocultar su relación a su familia y amigos.

Una gran parte de sus interacciones se debe a chats desde el teléfono, lo que es un buen método de comunicación dada su timidez. La importancia del teléfono en Tsuki ga Kirei es obviamente principal, y esto además se refleja en los créditos y endings con extractos visuales de conversaciones. Este recurso indirecto facilita a los protagonistas el encariñamiento mutuo y la autoconfianza, y les lleva al crecimiento personal. Esta evolución de su personalidad es evidente también en otro aspecto: influye en la manera con la que interactúan con los personajes secundarios.

Mientras que al comienzo del anime tanto Akane como Kotaro viven subordinados a sus padres e incluso a sus amigos en el instituto, su crecimiento progresivo hace que pronto sepan cómo imponerse. Akane aprende a no avergonzarse del amor que siente frente a sus compañeras más populares, a rechazar a otras propuestas sin miedo a decepcionar y a perdonarse a sí misma por los celos que siente de su amiga más abierta. Kotaro, por su parte, aprende a ser valiente y honesto, a confiar en la gente y tratar con ella y a no abandonar. El resto del elenco, pese a tener menos importancia, tampoco carece ni de dignidad ni de humanidad, y algunos de los secundarios -como Takumi, Chinatsu o el librero– son fundamentales en el progreso argumental y caracterizador de los protagonistas.

La última razón del encanto de Tsuki ga Kirei, según dije antes, es la sensibilidad de su producción. Pero no hay que confundir sensibilidad con sensibilería (algo que puede ocurrir cuando el tema concierne a un romance). Me refiero a la finura, la delicadeza, sutileza, atención a la producción. Por si las razones mencionadas arriba fueran pocas, toda Tsuki ga Kirei abunda en detalles que apuntan a un deseo por parte del estudio de hacerlo bien.

El género romántico en la actualidad es poco propenso a salirse de los estándares que se dan de comer al gran público, entre el melodrama superficial y la comedia tópica. Este anime se aparta de esta convención para rendirle respeto a un género clásico haciendo gala de un producto excelente. Dentro de esa excelencia de Tsuki ga Kirei está todo lo mencionado arriba, además de aquellos detalles que se comunican directamente con el espectador, sin importar el trasfondo del que éste proceda.

Recursos narrativos clásicos enriquecen la trama, como el uso correcto de la Pistola de Chéjov en varias ocasiones (destacables son la muñeca de Akane y la bufanda de Kotaro) para progresar en el argumento. Así mismo se exponen de forma práctica ideas sobre el amor de escritores japoneses modernos como Osamu Dazai o el propio Sôseki, aprovechando el trasfondo cultivado de Kotaro. Otros recursos más visuales colaboran en la tarea, como cambios en el dibujo para provocar sensaciones determinadas (véase el ending) o la propia elocuencia de la imagen mostrada en los momentos de silencio. Así mismo, Tsuki ga Kirei también se comunica con los amantes de los convencionalismos al incorporar momentos icónicos, como el clásico beso bajo los fuegos artificiales o la escena del tren, alivios cómicos e incluso cortos sobre los personajes secundarios tras el fin de cada capítulo.

Y esta es mi idea. Mi explicación sobre por qué Tsuki ga Kirei, un anime sencillo y puramente esencial, ha encandilado tanto a todo su público. Posiblemente estas sean solo mis razones, y existan tantas como personas que hayan recordado el primer amor junto a Kotaro y Akane. Lo que sí que sé es que el encanto, la Belleza poética de la que hablaban los antiguos, es el material con el que se forjan las obras maestras y, como su nombre sugiere, Tsuki ga Kirei es bella. Si hay un solo anime de 2017 que pueda llegar a ser un clásico eterno, que sea éste.

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