2017: Animes con diferencia – Houseki no Kuni



OMR Madrid - 29/12/2017 12:45 h

Una actividad bastante común entre la gente nostálgica es, antes del fin de cada año, recapitular todos los logros y hechos notables acaecidos en su vida durante los doce meses anteriores. Como 2017 está acabando, he querido hacer algo parecido para esta web, a fin de conmemorar todos los buenos ratos que nos ha proporcionado el anime este año. Cada viernes de este mes publicaremos una reseña de uno de los animes más especiales de 2017. La única condición que éstos tienen que cumplir es que han de incorporar algo diferenciador, da igual en qué sentido, que los haga únicos e inolvidables para quien los vea. En otras palabras, que ofrezcan algo que merezca la pena ser recordado.

Houseki no Kuni – El ser en busca de sentido

Temporada: Otoño 2017 | Estudio: Orange

Sinopsis: En un futuro inconcebiblemente lejano la humanidad ha dejado de existir. En su lugar, unos seres hechos de mineral cristalino pueblan la poca tierra que queda sin hundirse en el océano. Cada día en su vida es una lucha por la supervivencia contra unos cazadores mucho más numerosos e impredecibles, los lunarios. El Maestro educa, dirige, asigna labores y cuida a estos minerales como si fuesen sus propios hijos. De entre ellos, Fosfofilita es joven, débil, no parece apto para ninguna tarea y se va quedando atrás respecto a sus hermanos. ¿Cuál es el propósito de su existencia? Fos no cesará sus esfuerzos hasta descubrirlo, incluso si es a costa de su propia persona.

Houseki no Kuni (“Tierra de las Gemas“) es uno de esos animes que a mí me gusta llamar posmodernos. Series que rompen con los cánones narrativos y artísticos comunes y seguros, que se arriesgan en pos de la novedad, el arte o la impresión y que frecuentemente pueden llegar a tener muchas lecturas distintas. Esta condición se antoja lógica sabiendo cómo es el manga en el que se basa, cuya autoría pertenece a la obscura Haruko Ichikawa.

Incluso a pesar de ello, y contrariamente a la tendencia usual, este anime puede ser observado como una entidad distinta y hasta cierto punto independiente del material original. El estilo onírico y metafísico del dibujo del manga -claroscuros, simetrías y perspectivas surrealistas- tiene poca cabida en un medio dinámico como es la animación. Por lo tanto, y pese a narrar exactamente lo mismo, la forma de presentación de Houseki no Kuni por pantalla es bien distinta a la del papel.

La animación recoge algunos recursos visuales del manga y los reinterpreta dotándolos de una nueva personalidad, menos artificiosa y más líquida. El vivísimo colorido, los movimientos fluidos -gracias al increíble uso de la tecnología CG en esta serie-, y sus atrevidos encuadres y planos-secuencia generan un espacio estético luminoso, natural y de una belleza apabullante para la fantasía narrada. Y, si bien el enfoque metafísico y claroscuro del manga realza los tintes existenciales de la trama, la visión bella y natural del anime ilustra apropiadamente las peculiaridades de la utopía de Houseki no Kuni.

Es una palabra que me parece más acertada a la hora de clasificar este anime que las que se pueden ver en cualquier página del sector -como fantasía, ci-fi, filosófico o acción-. Utopía. Si me remito a la definición de este concepto, se puede apreciar que muchas de sus ideas contenidas, aunque matizadas, recuerdan a la tierra de Houseki no Kuni. Se da a conocer al espectador de este anime una sociedad ficticia que, a pesar de vivir bajo el peso de una amenaza extraña, es armoniosa, equilibrada, justa y en la que a sus integrantes no les falta de nada. Los protagonistas, así mismo, viven en constante contacto con la tierra, el agua y las estaciones, combinan los recursos naturales con el saber y pensamiento justos y necesarios para sobrevivir y divertirse, y bajo un sistema en el que todo el mundo es útil, aprende y es feliz.

Los minerales de Houseki no Kuni viven en un estado inocente y vivaz bajo el amparo de su Maestro. Cada uno de los 28 goza de una educación y disciplina que les permite conocer su tierra y defenderse de los ataques lunarios usuales sin mucha dificultad, además de una tarea distintiva y personal que les da un propósito. Como personajes, cada uno posee una mentalidad y tratos diferentes, aunque se les caracteriza como niños en varias ocasiones y de distintas formas, como mostrando sus reacciones a cosas bonitas o aficiones. Especialmente se ve en su relación con el Maestro, a quien quieren como a un padre, y en cómo buscan su constante aprobación, ayuda y mostrarle sus propios valores como “persona”. Esta condición infantil se confirma cuando llaman a su hogar escuela -que providencialmente tiene forma de stoa-.

Como ficción utópica, este anime aborda y discute además otros conceptos humanos más profundos. El aparentemente perfecto sistema de convivencia de los minerales no es el eje principal de Houseki no Kuni, aunque enriquece el trasfondo de la historia sobremanera. La perfección y felicidad absolutas que se pretenden son imposibles, y eso hace que los protagonistas no puedan ser niños inocentes siempre. La existencia del enemigo que les da caza, los lunarios, es, directamente o no, la fuente de un sufrimiento que nubla su existencia.

El miedo a los ataques y saberse amenazados no son los únicos sufrimientos de los protagonistas. La pérdida de los seres queridos a los que los lunarios consiguen abatir y convertir en decoración y armas se suma a la lista. Es un acto que choca tanto a los minerales que visten uniformes negros perpetuamente como acto de luto. Sobre todo cuando saben que no envejecen, ni sienten dolor, ni pueden morir por causas naturales al estar hechos básicamente de cristal. Cuando se rompen, pueden volver a ser recompuestos con un pegamento que prepara Rutilo, el “médico” de la escuela. En el peor de los casos, pueden perder recuerdos si una parte de su cuerpo les falta.

Igualmente, esto puede conducir a que experimenten el dolor de la pérdida en innumerables ocasiones, como es el caso de Diamante Amarillo. Siendo el mayor de los minerales, con tres milenios a sus espaldas, ha sobrevivido a tantos compañeros abatidos por armas lunarias que vive en un estado de debilidad anímica e indiferencia casi constantes, sintiéndose que debe permanecer en segundo plano siempre.

Esto lleva a uno de los temas fundamentales de la utopía de Houseki no Kuni. Como es de esperar, unos seres no inertes que no sufren, no mueren y no envejecen sienten un mal existencial grande. Es este sufrimiento concreto lo que precisamente otorga cierta humanidad a los minerales, contrariamente a lo que pueda parecer. Desde su existencia como casi niños, los protagonistas intentan vivir como pueden, y aunque la mayor parte del tiempo beben de su feliz inocencia, este anime visibiliza ciertos gestos o costumbres de algunos personajes que responden a la angustia. Un sentimiento que se contagia al espectador con ayuda de recursos como pausas o escenarios vacíos.

Especialmente impactantes son las escenas gore. Para más inri, aquí se utilizan con una novedad: siendo los personajes unos minerales, en vez de infundir horror imaginando dolor orgánico, se sugiere una impresión angustiosa mostrando las roturas en el cristal, resquebrajamientos, filos, esquirlas y lascas como sustitutos de las mutilaciones y la sangre. En adición, lo que más choca es ver cómo, al no sufrir, los minerales siguen vivos pese a sus roturas, y ni ellos ni sus compañeros le dan importancia. Saben que volverán a estar enteros cuando les recompongan. La indiferencia vital es la actitud más común en la tierra de Houseki no Kuni.

La vida natural, tal y como la conocemos los humanos, carece de mucho sentido para ellos, y es por lo que el Maestro les asigna una tarea única y personal a cada uno, para darles un propósito. En principio deberían ser labores apropiadas a la personalidad y capacidades de cada mineral, aunque existe una notable excepción. Se reparten trabajos administrativos como las de Jade y Euclasa, artesanales como las de Berilo Rojo u Obsidiana, marciales como las de los Diamantes, los dos Amatistas, Antarticita o Cinabrio o culturales como las de Alejandrita y la de Fosfofilita.

La situación de Fosfofilita (o Fos) es la más complicada e interesante de todas, dada su condición de personaje principal. Es el mineral que conscientemente lucha para superar el mal existencial y la angustia, intentando labrarse un propósito propio y esforzándose por crecer y dominar el arte de existir. En ese sentido, es el único personaje que abandona la condición inicial de la inocencia voluntariamente, y que más humanidad desprende.

Con apenas 300 años es uno de los minerales más jóvenes, y su nivel de dureza de 3,5 en la escala de Mohs le convierte en uno de los más débiles y quebradizos. Al principio de la historia Fos es presentado como un niño consentido, poco serio, que se va quedando atrás y que ni puede ni quiere centrarse. La tarea que le asigna el Maestro, escribir una enciclopedia de historia natural, le resulta aburrida e inútil, puesto que lo que quiere es luchar y defender la escuela de los lunarios -aunque ni su cuerpo ni su personalidad son los adecuados-.

Pronto esta actitud cambia, y jamás volverá a su estado infantil e inocente. El detonante es cuando descubre cuánto ha consumido el mal existencial a Cinabrio. Al desprender mercurio constantemente, su propia presencia es peligrosa para el resto de minerales y vive aislado de la escuela, patrullando la tierra por la noche. El vacío, apatía y angustia de Cinabrio son tan grandes que solo quiere que los lunarios le cacen y acabar con todo -lo más parecido a morir-. Fos entonces decide que su propósito será encontrarle una tarea mejor y más divertida a Cinabrio, que le mitigue su mal.

Su concentración y preocupación por su nuevo propósito son tan grandes que le llevan a explorar, a cuestionarse el sistema establecido, a dudar de lo que ve, siente y sabe. Su intención buena le lleva a agrandar su propio mal existencial, pero también le hace crecer. Aunque llega a conocer la frustración, la culpa y la angustia, su obstinación por cumplir el sentido de su existencia autoimpuesto se afila cada vez más. Poco a poco, Fos deja de ser el que era en todos los sentidos. El que era antes el más infantil e ignorado llega a ser el objeto de fascinación del resto de minerales, que siguen viviendo en su inocencia.

Según el psicoterapeuta austríaco Viktor Frankl, el logos (‘significado’, ‘sentido’ o ‘propósito’) es la primera fuerza que mueve y sana al ser humano. En su logoterapia persigue la recuperación del paciente mediante la búsqueda de un propósito, de encontrarle un sentido a su vida. El vacío existencial -o la afección parecida neurosis noógena– es uno de los grandes problemas anímicos que pueden llegar a ser altamente destructivos, pero que la logoterapia es capaz de sanar. En este sentido, Houseki no Kuni representa el problema -el mal existencial de los minerales-, y también la solución de Fosfofilita.

Las labores que el Maestro asigna a sus “hijos” ayudan a mitigar esa angustia en la mayoría de los casos, pero a Fos y a Cinabrio no les sirven. Según Frankl, el paciente ha de encontrar su propio sentido a su propia vida para seguir viviendo como un espíritu sano, de otra forma se vería como conformismo o totalitarismo. Houseki no Kuni interpreta esta situación de una manera muy bonita: Fos decide que su propósito será encontrarle un nuevo propósito a Cinabrio, y eso es lo que le salva de consumirse en el mal existencial y de estancarse como el resto de los minerales. Persigue su sentido sin descanso durante toda la historia, y cuando cambia y crece aprende que el propósito de Cinabrio es ayudarle a encontrar su propio sentido a su vida.

Especialmente importantes en Houseki no Kuni son los capítulos del invierno, en los que Fos encuentra una figura de mentor en Antarticita. A partir de esa experiencia su personalidad cambia notablemente, e incluso su apariencia se torna más adulta. Los estados por los que pasa Fos en su historia recuerdan un poco al mito único, aunque serían necesarias más temporadas y una conclusión para poder analizarlo mejor.

La suerte de metamorfosis que Fos va experimentando a lo largo de todo el anime puede interpretarse como una especie de renacimiento: pierde muchas partes inicialmente suyas y las reemplaza por otras, hasta el punto de que puede considerarse de que no es el que fue. Ahora es otro, mayor y mejor como forma de vida. Esto se corresponde con la idea de la reencarnación, presente en algunas religiones místicas -o dhármicas– orientales como el hinduismo o el budismo,

Según la doctrina dhármica, los seres vivos están sujetos al samsara (‘flujo’ o ‘vagabundeo’), que se traduce en un eterno ciclo de vida, muerte y reencarnación. Condicionados al kamma o karma (‘acto’), que representa la inercia y la causa-consecuencia de las acciones a nivel personal, los seres renacen en un estado diferente al que consistían. Globalmente reina el dhamma o dharma (‘ley’ o ‘verdad’). Los adeptos a estas religiones siguen la senda del dhamma desde distintas interpretaciones y puntos de vista.

Los budistas, concretamente, aspiran la unión del ser con el dhamma -de manera muy similar a la unión con Dios de los cristianos-, en un estado conocido como nirvana (‘apagado’), caracterizado por la liberación de la psique de restricciones terrenas, una comprensión de la verdad y una felicidad absoluta. En otras palabras, es un anhelo de no sufrir, de vivir en comunión con el cosmos, de perfección. Para ello, es necesario seguir las verdades de Buda Gotama, el fundador de esta doctrina y, supuestamente, el primero en abandonar el samsara y unirse con el dhamma.

Houseki no Kuni presenta un maravilloso leitmotiv budista que visibiliza y muestra estos conceptos como recurso estético y narrativo. Concretamente, la figura del Maestro, y en menor medida la de los lunarios, es muy rica en simbolismos. De primeras, el Maestro es caracterizado como un ente superior, distinto al resto de los minerales, cuya personalidad rebosa las cuatro verdades de Buda –maitri (‘amor’), karuna (‘compasión’), mudita (‘alegría del bien de otros’) y upeksha (‘perdón’)- y que se preocupa por que sus “hijos” vivan en la utopía mencionada, cuyas características son muy similares a las del nirvana -incluyendo la inmortalidad del ser-. A pesar de todos sus esfuerzos, la existencia de los lunarios es la fuente del sufrimiento definido arriba, lo que le produce un gran pesar. También siente pesar al matar lunarios aunque sea en acto de defensa, y su misericordia por ellos se muestra en varias ocasiones.

Tanto su diseño estético como el de los lunarios es reminiscente de estas doctrinas. El aspecto de bodhisattva (los iniciados en el budismo) de ambas partes es evidente. Así mismo, la música que suena cuando aparecen cazadores en la tierra recuerda sobremanera a las letanías dhármicas.

Al ser inmortales, la manera “obvia” que los minerales tienen para evitar el sufrimiento en su vida sería dejarse cazar por los lunarios, lo que equivaldría a una subida al cielo (o a la Luna) como metáfora de la trascendencia. La historia de Fosfofilita, no obstante, revela pistas de otra manera de trascender. Fos, siempre siguiendo su propósito autoimpuesto, crece, aprende, se deconstruye y se construye constantemente. En muchas ocasiones se rompe, y cada vez que se recompone alcanza a ver una nueva verdad y asimila un nuevo punto de vista. Se va convirtiendo en un ser superior. Y tal y como dice el trasfondo de este anime, tanto los minerales como los lunarios intentan ser lo que una vez fueron los humanos. La historia de Fos es la historia de cómo va alcanzando la humanidad. De cómo endereza su kamma, va superando el samsara y alcanzando el dhamma de esta utopía.

Houseki no Kuni es, como expresé al comienzo de esta reseña, un anime con múltiples lecturas e interpretaciones debido a lo profundo de su narración. En este texto he destacado su aspecto psicológico, filosófico y espiritual, pero puede leerse como una historia de formación o bildungsroman, desde el punto de vista estético y de la animación, o desde el punto de vista de la biología y el género, por ejemplo. Indudablemente, un anime tan polifacético e imaginativo desprende mucho encanto y cautiva a mucha gente. Ha sido uno de los mejores puntuados de la temporada de otoño, y posiblemente de todo el año.

¿Cuál es la manera correcta de visionar Houseki no Kuni? Personalmente, creo que la respuesta es la misma a la de la búsqueda del sentido. Cada uno ha de encontrar la suya, única y personal. Es un anime precioso, tanto visual como argumentalmente, en el que nada es predecible y que deja una sensación global, una vez visto, de que se trata de un hito en el arte de la animación y de la narración. Y, a mi juicio, es la obra más especial e inolvidable de este año.

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