2017: Animes con diferencia – ACCA: 13-ku Kansatsu-ka



OMR Madrid - 1/12/2017 18:05 h

Una actividad bastante común entre la gente nostálgica es, antes del fin de cada año, recapitular todos los logros y hechos notables acaecidos en su vida durante los doce meses anteriores. Como 2017 está acabando, he querido hacer algo parecido para esta web, a fin de conmemorar todos los buenos ratos que nos ha proporcionado el anime este año. Cada viernes de este mes publicaremos una reseña de uno de los animes más especiales de 2017. La única condición que éstos tienen que cumplir es que han de incorporar algo diferenciador, da igual en qué sentido, que los haga únicos e inolvidables para quien los vea. En otras palabras, que ofrezcan algo que merezca la pena ser recordado.

ACCA: 13-ku Kansatsu-ka – Una composición de autor

Temporada: Invierno 2017 | Estudio: Madhouse

Sinopsis: El reino de Dowa lleva mucho tiempo gozando de una paz interna supuestamente estable. Tras una cruenta guerra entre trece países años atrás, se llegó a una paz en la que todas las partes acordaron unirse bajo una sola bandera. Los ahora trece distritos mantienen su propia identidad cultural y cierta autonomía, pero gobernados por la monarquía de Dowa y la eficiente organización burocrática y ejecutiva ACCA. El cumpleaños número 99 del rey Falke II es inminente, y debido a los temores internos por una abdicación y un posible consecuente golpe de estado, el inspector de ACCA Jean Otus tendrá que investigar las sedes gubernamentales de cada distrito en busca de irregularidades o actividades sospechosas.

ACCA: 13-ku Kansatsu-ka es una historia de intriga política, adaptación del manga homónimo de la prolífica autora Natsume Ono. Como otras obras de la misma (véase Saraiya Goyou o la publicada en España Ristorante Paradiso), posee un estilo artístico único e inconfundible y trata temas delicados y maduros dentro de una trama adulta.

Soy de la opinión de que el concepto de thriller político es algo bastante manido y tan socorrido como temática en películas, best-sellers y similares que ya resulta cansino, sobre todo gracias a las decenas de mediocridades sobre conspiraciones en Estados Unidos que pare la industria hollywoodiense. Uno puede pensar que dentro de ACCA, tratándose de la premisa mencionada, la jerga burocrática y discusiones políticas son inevitables y presentes en casi cada capítulo (que lo son), y que a muchos potenciales espectadores esto les puede parecer un aburrimiento supino. Pero recomiendo no dejarse llevar por ideas preconcebidas, y en cambio dejarse asombrar por el asombroso toque maestro de la autora, que hace de esta serie una de las más valiosas de 2017. Veamos por qué.

En primer lugar es necesario remarcar que ACCA se distingue de la norma general de este tipo de historias al narrar un argumento individual. El inspector Jean Otus es el protagonista absoluto de este anime. Si bien es verdad que por las circunstancias de su trabajo trata con una multitud de personajes secundarios que también son decisivos en la trama, fundamentalmente las cosas van con él. Este anime es una aventura personal, lo que da cabida a más atractivo que una simple disertación general sobre el futuro de un país.

Yendo más lejos, aún diría más: este anime personifica un argumento cuyas entrañas tocan y conciernen a un país entero. Otus es el intermediario entre la trama y los espectadores, y todo el peso argumental se concentra y recae sobre sus hombros cual Atlas funcionario. Y él consigue presentárnoslo adecuadamente, a pesar de que no sea algo fácil de realizar por una sola persona. Como buena trama conspiranoica, incorpora desconocimiento, misterio, intriga, incertidumbre, falta de escrúpulos e idealismos personales. Otus no es simplemente un funcionario como el anime nos quiere hacer creer: a nuestros ojos es un especialista de la inspección y pesquisa, una mente ágil y fría tras un aspecto apático y cansado. Es más, la típica imagen del sabueso con los cigarrillos y la gabardina, aunque siempre encajando con la estética de este anime, tampoco nos es ajena en él. He aquí la primera pista de la autora.

Los vaivenes del protagonista por todo el país y sus múltiples contactos le ofrecen información escasa y a veces desactualizada y dispersa, y la atadura de cabos será una de las actividades fundamentales durante el visionado. Junto a Jean los espectadores obtienen información y conocimiento sobre lo que se cuece en la trama de forma muy desconectada y muy lenta, en un ejercicio de suspense que gustaría al mismo Alfred Hitchcock. ¿Es Otus una pieza más de un monstruoso ajedrez? ¿Es peón o rey? O, más importante aún: ¿sabe que juegan con él, o si él es el jugador, o si acaso es consciente de que existe un juego? Todas estas preguntas, calculadas y desarrolladas al milímetro durante la trama, mantienen al público en vilo hasta el satisfactorio desenredo de la maraña al final de la serie. Y así, repentinamente, un thriller político se convierte en una historia personal con toques noir. No por nada Natsume Ono es una autora de culto.

He aquí uno de los toques de autor de ACCA: la mezcla de géneros. La premisa argumental y la trama global poseen un enfoque y una categorización diferentes a los de la historia narrada y la presentación propiamente dichas. Si bien el thriller y el género noir son bastante parecidos en un principio, sus estéticas, imaginería, ritmo y connotaciones son suficientemente distintivos y peculiares como para que su mezcla se aprecie y sea perfecta.

Este cariz personal y policíaco que toma ACCA en su plano más cercano al espectador consigue en adición un improbable equilibrio entre toda la intriga mencionada y una atmósfera somnolienta y temperada. Al requerir el guión muchos encuentros entre el protagonista y otros personajes, los diálogos y las interacciones son fundamentales, y priman considerablemente sobre la acción física. Aunque uno puede esperar que una historia de este calibre alardee de interrogatorios afilados y duelos dialécticos al rojo, la actitud de déjenme en paz, yo solo quiero hacer mi trabajo, cobrar y volver a casa sin preocupaciones de Otus consigue justo lo contrario. Su apatía y discurso suave desarman a sus oponentes, atemperan la tensión, imponen respeto y consiguen la información. El suspense de ACCA se obtiene mediante la templanza, y sinceramente me parece un logro considerable por parte de la autora.

Por otra parte, también se muestran varios aspectos de la vida privada de los personajes fuera de las tramas políticas que añaden a esa atmósfera un toque informal y familiar. Las conversaciones de borracho de Jean, la clase y savoir faire de Nino, el punto de vista optimista y juvenil de Lotta, el infantiloide espionaje callejero de Magie y Rail o el icónico carisma de la directora Mauve a lo estrella de cine son solo unos pocos ejemplos, y consiguen el encariñamiento del espectador con muchos miembros del elenco de personajes. Estos momentos están perfectamente inscritos en el argumento, y algunos incluso tienen inesperadas repercusiones en la trama. Globalmente, el equilibrio entre situaciones es correcto y jamás se altera el ritmo argumental ni el ambiente que reina en este anime. Incluso la escena cumbre del último episodio, en la que explota la burbuja de intriga y tensión, se desarrolla con parsimonia y proporciona una grata sorpresa al espectador.

Sin duda, los aspectos de este anime que refieren al guión, la caracterización y el desarrollo son fenomenales. Pero no podemos hablar de una obra de Natsume Ono sin destacar su parte más característica e intrínsecamente ligada al concepto de autor de manga: la parte artística, la estética y su composición visual.

ACCA no es excepción a esta norma. Sin duda lo más rompedor y diferenciador de este anime respecto al resto de la parrilla anual es aquello que entra por la vista. No en lo referente tan solo al estilo de dibujo, sino además al coloreado, la composición de escenas y su imaginería asociada. Y no cabe la menor duda de que el estudio Madhouse ha realizado una labor espectacular.

Para comprenderlo no hace falta ir muy lejos. Las propias secuencias del opening y el ending, por ejemplo, dan buena cuenta de lo mencionado.

El opening es una de las secuencias más vistosas que he podido ver en cualquier anime de este año. A título personal me recuerda bastante a los créditos de las viejas películas de James Bond, aunque con un estilo algo distinto. Ignoro de si se trata de una referencia o no, pero consigue la asociación emocional de ACCA con uno de los hits de las historias de espías más famosos de la historia, lo que, dada su similitud conceptual, es otro toque apropiado. En esta secuencia se suceden apariciones de varios de los personajes más importantes de la trama, junto con breves muestras de los objetos e imágenes habituales dentro de ACCA y demás simbolismos visuales. De forma muy velada hasta sugiere algunos de los detalles más arriesgados del argumento. Todo ello, coloreado con patrones inusuales y sensuales a ritmo de un frenético electrojazz, adecuado para construir una atmósfera intrigante y llena de clase.

El estilo del ending es el opuesto. Es más acorde al ambiente temperado y tranquilo de ACCA, y pretende estimular los sentimientos del espectador con sutiles sugerencias estilísticas. La sencilla secuencia coloreada con acuarelas grises cuyo dibujo no pasa de unos bocetos de storyboard muestra a cierto personaje siendo (no daré más detalles), acompañado por una canción nostálgica. Pese a que pueda parecer un ending olvidable, a mi juicio su composición es más complicada de lo que aparenta, y junto al opening explora todas las connotaciones ambientales de esta serie.

Una vez pasados los títulos de crédito se puede analizar la dedicación del estudio en la composición visual de ACCA. No se trata tan solo de un trabajo artístico, sino también narrativo, dado que tiene el deber adicional de encajar correctamente la historia en el mundo propuesto por la autora. De forma que la adecuada representación de lugares relevantes para el trasfondo, como los trece distritos del reino, ha de ir de la mano con los recursos narrativos visuales.

De estos últimos son fácilmente reconocibles los lugares comunes visuales del noir. No es raro vislumbrar escenas en despachos en penumbra, claroscuros callejeros y noches urbanas, muchas veces capturando la escena en diagonal, simulando ángulos de cámara irregulares. Así mismo, la imaginería común del género también hace cameos esporádicos, como un encuentro entre Otus y la directora Mauve fácilmente encajable como un deseo por la femme fatale.

Siguiendo con el tema, las estéticas del submundo de la organización ACCA o de la corte del monarca destacan intensamente en todo el anime. El realce del uniforme oficial de los funcionarios, con sus variaciones según el distrito, es omnipresente en la serie y funciona como un medio visual para imponer en los espectadores la idea del poder casi absoluto de la organización en el país. Por otro lado, las apariencias y la moda de la casa real de Dowa, junto a la caracterización de sus integrantes, dejan un sabor de caducidad y anticuado. En adición a esto, este estilo funciona perfectamente como justificante estético para uno de los giros de trama más importantes. Los que hayan visto la serie sabrán a lo que me refiero.

Todos estos recursos narrativo-visuales, además de cumplir su función, enriquecen un poco más el ya de por sí amplio detalle del apartado artístico. El mundo en el que transcurre este anime se colorea mediante distintas técnicas y patrones según lo que se muestre en cada momento sea la acción presente, un recuerdo o una escena rica en carga emocional que necesite un tratamiento exclusivo. Además, la diversidad que el trasfondo argumental dota al reino de Dowa se traduce en una variedad de paisajes, ambientes, vestimentas y rasgos corporales de sus habitantes únicos, lo que conforma un lienzo inigualable para que Madhouse despliegue su talento para la animación en toda su extensión. Como ya mencioné antes, el apartado artístico de ACCA desprende clase y glamour al estilo tradicional cinematográfico constantemente, gracias a su autoría y su diestra interpretación por parte del estudio.

Termino esta reseña con una recomendación. He procurado explicar qué es lo que hace a ACCA: 13-ku Kansatsu-ka un anime diferenciador y excelente, pero siempre es mejor comprenderlo mediante su visualización. Al disfrutar del visionado de este anime se percibe perfectamente qué es lo que le hace especial. La firma de su autoría es palpable en todos los ámbitos, y siempre deja esa sensación satisfactoria de estilazo, clase y saber hacer tranquilo. Repito, por algo Natsume Ono es una autora de culto.

Deja un comentario